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Su historia
está llena de agujeros, de esos agujeros que no se
tapan jamás con nada. Ex guerrillero del ERP y preso
durante casi 11 años, Eduardo Anguita tuvo que empezar,
literalmente, de nuevo. Su madre fue secuestrada en los
años negros de la dictadura y nunca más la
volvió a ver. Su ex esposa corrió la misma
suerte, pero pudo contarla. Este hombre que supo parirse
a sí mismo estudió Comunicación Social,
escribió libros y fundó un Hogar para chicos
de la calle con el dinero que recibió por la desaparición
de su madre.
Noticias: ¿Por qué se metió
en la guerrilla?
Eduardo Anguita: Recuerdo un largo tránsito antes
del día de la decisión. Estudié en
el Nacional Buenos Aires y a los 14 años, desde el
Centro de Estudiantes pedimos un minuto de silencio por
los estudiantes muertos en Corrientes, en mayo del ‘69.
Los celadores habían amenazado con sancionarnos.
Lo hicieron con uno de mi división y yo salí
segundo, tomé la posta. Después empecé
a estudiar marxismo y un buen día con un amigo cruzamos
al Uruguay a comprar libros que acá estaban prohibidos.
Los entramos clandestinamente, al estilo de dos pibes atorrantes
de 17 años: cambiamos las etiquetas de la aduana
al equipaje todavía no revisado. Y, junto con eso,
nos reunimos con un compañero del club donde jugábamos
al rugby y ahí decidimos que teníamos que
hacer la lucha armada, aunque no éramos tipos de
armas tomar. Y empecé en ese momento, a fines del
año 70.
Noticias: A 30 años de aquello, ¿cuál
es la autocrítica?
Anguita: Lo interesante es que las sociedades encaren la
autocrítica. Lo más importante de esos años
fue la militancia: integrarme a una cosa colectiva, poner
la mirada en los que menos tenían… El problema
de hoy es que uno está muy imbuido de mentalidades
individualistas, yo mismo me siento atravesado por la individualidad.
Hubo una masacre de los participamos de esa lucha y la sociedad
quedó bastante dividida; me parece que el salto abrupto
de Malvinas a la democracia dejó de lado a quienes
fuimos protagonistas de esos años. La autocrítica
de los militantes de Uruguay, por ejemplo, fue ir a tomar
mate a los barrios, poner en marcha un mecanismo por el
cual la gente les pudiera decir cómo reorientarse,
qué hacer y qué no. Acá hubo la instalación
de los dos demonios. Recién ahora se vive un clima
en el que la gente se apropia de lo que pasó en los
’70, más allá de la crítica hacia
nosotros.
Noticias: Usted estuvo 10 años en la cárcel…
Anguita: 10 años, 10 meses y dos días. Al
otro día de salir me invitaron a hablar a una radio
y los oyentes llamaban y me puteaban: "Saquen a ese
comunista, a ese guerrillero". Tuve temor al escarnio,
al maltrato, al desprecio social. Después de tantos
años de cárcel uno queda endurecido en muchas
cosas y muy frágil en otras.
Noticias: Su madre fue uno de los 30 mil desaparecidos,
¿de qué la acusaban?
Anguita: Yo estaba preso en La Plata, en un pabellón
llamado "de la muerte", armado por Ramón
Camps y Suárez Mason junto con la gente del servicio
penitenciario de la provincia, activa participante de esa
represión. Habían secuestrado a algunos militantes
en los pabellones, a otros directamente los habían
matado. Mi madre, cuando empezaron a matar presos y a sus
familiares, presentó un recurso de amparo y formaba
parte de las asociaciones de familiares de los presos. Otra
cosa que hacía era depositar dinero, no sólo
a mi nombre sino al de Alberto Elizalde Leal, cuya familia
completa había sido secuestrada. Y eso para ellos,
que decían: "Nuestros enemigos no son sólo
los subversivos sino también sus familiares",
era una decisión. La amenazaron en su trabajo y recuerdo
que le dije que se fuera y me contestó "Hasta
que no salga Wanda (esposa de Anguita, también presa)
y vos, no me voy a ir". Fueron a la inmobiliaria donde
trabajaba y se la llevaron. Al otro día requisaron
mi celda y se llevaron las cartas de mi madre. Mi padre
me dijo que se la habían llevado un 24 de julio.
Noticias: ¿Su madre o su esposa aparecieron?
Anguita: Mi esposa sí, la dejaron irse a Europa.
Mi mamá no volvió.
Noticias: ¿Alguna vez sintió culpa
de haber perdido a su madre porque ella se jugó por
usted?
Noticias: Mirá, la preparación que uno tiene
en esos momentos es… te doy un ejemplo: yo hacía
autocontrol hasta para dormir. Me despertaba de noche para
hacer gimnasia, porque estaba prohibido. Cuando se llevaron
a mi mamá estaba leyendo "Siberia", de
Dostoievski, y pensé que no podía cambiar
de libro. Me costaba una enormidad, entre fiebre y llantos
me decía que no podía quedarme en el camino
de nada. Sólo en un momento estuve al borde de la
locura: había decidido matar a un oficial penitenciario.
No soportaba más el dolor…
Noticias: ¿Qué era lo que más
dolía?
Anguita: El desborde. Llegué a planear su muerte,
y salió mal.
Noticias: ¿Lo intentó?
Anguita: Sí. Había un oficial, famoso por
golpeador, que cada tanto se llevaba a alguien al calabozo
para cagarlo a trompadas. Cuando salíamos al patio
no podíamos levantar la cabeza, entonces pensé
en levantarla cuando él pasara a mi lado, para que
me llevara al calabozo. Y en el momento en que me dijera
algo, lo iba a matar delante de todos.
Noticias: Una locura…
Anguita: Sí, pero tenía una técnica
bastante sofisticada, una manera de ahorcar a un tipo que
no falla: metiéndole los dedos en la tráquea
y rompiéndosela. Otros presos dormían con
una gillette para cortarse las venas, cada uno se refugiaba…
era un duelo con la muerte: matar o morir era lo mismo.
Se lo comenté a otro preso y me dijo que no lo hiciera,
que yo tenía que apostar a la vida.
Noticias: ¿Qué le diría a su
madre, si pudiese volver a verla?
Anguita: (se queda unos minutos callado) Mirá, cuando
cobré la indemnización fundé con ese
dinero un Hogar para niños. Le diría: "Tengo
unos pibes que a lo mejor ni saben quién fuiste,
pero si vos no hubieras existido, estos pibes no estarían
en esta casa". Así como ella se ocupó
de mi arriesgando su vida, yo hago una cosa muy maricona,
que es poner unos pocos recursos para que otros laburen
con pibes. Al principio me encargaba personalmente, pero
ese nunca fue mi laburo. Ella también era madre...
yo no soy padre.
Noticias: ¿Por qué no fue padre?
Anguita: Ehhh… En realidad, porque no tuve suerte...
en dos o tres oportunidades quise tener hijos, incluso me
hice análisis y el médico me diagnosticó
varicocele, una enfermedad que podía afectar a los
espermatozoides móviles… me operé a
la semana. Y después de que me casé con mi
actual mujer, ella quedó embarazada y lo perdió.
Voluntad había...
Noticias: Hablando de voluntades, usted escribió
junto a Martín Caparrós "La voluntad",
en tres tomos que describen aquellos años negros...
Anguita: Te voy a contar algo que tiene que ver con "La
voluntad": yo cobré un dinero por haber estado
preso, cosa que nunca hubiera imaginado, así que
sentí la tranquilidad de que por unos años
iba a poder contar con un dinero para vivir. Si la hubiera
ganado trabajando, hubiera estado mejor (ríe).
Noticias: ¿Cuál era el peor miedo
dentro de la cárcel?
Anguita: Está muy poco estudiado qué le pasa
a alguien que perdió la libertad, sobre todo si tiene
un espíritu revolucionario. Estaba alterado, pero
tenía la creencia sistemática de que iba a
salir libre. Era lo que me mantenía vivo y eso me
hacía no tenerle miedo a nada.
Noticias: ¿En qué cosas siente que la cárcel
lo fortaleció y en qué lo volvió más
frágil?
Anguita: Me fortaleció el ser muy metódico.
Cuando salí de la cárcel tuve la sensación
de que tenía que empezar de nuevo. Y hacerse cargo
de eso es tremendo. La fragilidad que tenía al otro
día de salir después de casi 11 años,
sin plata, sin trabajo, sin saber qué hacer... En
la cárcel era un revolucionario, en la calle no era
nada. Me ofrecieron un trabajo en la revista "Entre
Todos", pero no era periodista, ni siquiera sabía
escribir a máquina. Era muy pobre, vivía en
un departamento de mi mamá y no tenía plata
para pagar las expensas. Y nadie me daba trabajo. Entonces,
mi ex mujer me regaló un libro que tenía un
cartoncito impreso con el teclado de la máquina de
escribir y todas las mañanas, antes o después
de hacer gimnasia, aprendía un poco. Hice la carrera
de Comunicación, estudié inglés, empecé
de cero a los 31 años. Hasta ese entonces había
vivido muchas vidas. Estaba muy golpeado, no sabía
cuáles eran mis sentimientos, tenía muchas
corazas, no sabía a quién quería. No
tenía modelos, porque por un lado seguía admirando
al "Che" Guevara, pero eso no me servía
para todos los días. Tenía demasiada reja
encima y me faltaba calle.
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