Año XXII
Nº 1495 del 20-08-2005
Publicación semanal de Editorial Perfil

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Lejos del ruido. Vive en Villa Gesell, se casó hace dos años y medio y en una radio platense conduce el programa "La Plata no alcanza".
 
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  Eduardo Anguita (52)
  "He vivido muchas vidas"
  Ex guerrillero y escritor prolífico, estuvo preso y fundó un Hogar para chicos de la calle. Cárcel, muerte, conquistas y paternidad.
 

Su historia está llena de agujeros, de esos agujeros que no se tapan jamás con nada. Ex guerrillero del ERP y preso durante casi 11 años, Eduardo Anguita tuvo que empezar, literalmente, de nuevo. Su madre fue secuestrada en los años negros de la dictadura y nunca más la volvió a ver. Su ex esposa corrió la misma suerte, pero pudo contarla. Este hombre que supo parirse a sí mismo estudió Comunicación Social, escribió libros y fundó un Hogar para chicos de la calle con el dinero que recibió por la desaparición de su madre.
Noticias: ¿Por qué se metió en la guerrilla?
Eduardo Anguita: Recuerdo un largo tránsito antes del día de la decisión. Estudié en el Nacional Buenos Aires y a los 14 años, desde el Centro de Estudiantes pedimos un minuto de silencio por los estudiantes muertos en Corrientes, en mayo del ‘69. Los celadores habían amenazado con sancionarnos. Lo hicieron con uno de mi división y yo salí segundo, tomé la posta. Después empecé a estudiar marxismo y un buen día con un amigo cruzamos al Uruguay a comprar libros que acá estaban prohibidos. Los entramos clandestinamente, al estilo de dos pibes atorrantes de 17 años: cambiamos las etiquetas de la aduana al equipaje todavía no revisado. Y, junto con eso, nos reunimos con un compañero del club donde jugábamos al rugby y ahí decidimos que teníamos que hacer la lucha armada, aunque no éramos tipos de armas tomar. Y empecé en ese momento, a fines del año 70.
Noticias: A 30 años de aquello, ¿cuál es la autocrítica?
Anguita: Lo interesante es que las sociedades encaren la autocrítica. Lo más importante de esos años fue la militancia: integrarme a una cosa colectiva, poner la mirada en los que menos tenían… El problema de hoy es que uno está muy imbuido de mentalidades individualistas, yo mismo me siento atravesado por la individualidad. Hubo una masacre de los participamos de esa lucha y la sociedad quedó bastante dividida; me parece que el salto abrupto de Malvinas a la democracia dejó de lado a quienes fuimos protagonistas de esos años. La autocrítica de los militantes de Uruguay, por ejemplo, fue ir a tomar mate a los barrios, poner en marcha un mecanismo por el cual la gente les pudiera decir cómo reorientarse, qué hacer y qué no. Acá hubo la instalación de los dos demonios. Recién ahora se vive un clima en el que la gente se apropia de lo que pasó en los ’70, más allá de la crítica hacia nosotros.
Noticias: Usted estuvo 10 años en la cárcel…
Anguita: 10 años, 10 meses y dos días. Al otro día de salir me invitaron a hablar a una radio y los oyentes llamaban y me puteaban: "Saquen a ese comunista, a ese guerrillero". Tuve temor al escarnio, al maltrato, al desprecio social. Después de tantos años de cárcel uno queda endurecido en muchas cosas y muy frágil en otras.
Noticias: Su madre fue uno de los 30 mil desaparecidos, ¿de qué la acusaban?
Anguita: Yo estaba preso en La Plata, en un pabellón llamado "de la muerte", armado por Ramón Camps y Suárez Mason junto con la gente del servicio penitenciario de la provincia, activa participante de esa represión. Habían secuestrado a algunos militantes en los pabellones, a otros directamente los habían matado. Mi madre, cuando empezaron a matar presos y a sus familiares, presentó un recurso de amparo y formaba parte de las asociaciones de familiares de los presos. Otra cosa que hacía era depositar dinero, no sólo a mi nombre sino al de Alberto Elizalde Leal, cuya familia completa había sido secuestrada. Y eso para ellos, que decían: "Nuestros enemigos no son sólo los subversivos sino también sus familiares", era una decisión. La amenazaron en su trabajo y recuerdo que le dije que se fuera y me contestó "Hasta que no salga Wanda (esposa de Anguita, también presa) y vos, no me voy a ir". Fueron a la inmobiliaria donde trabajaba y se la llevaron. Al otro día requisaron mi celda y se llevaron las cartas de mi madre. Mi padre me dijo que se la habían llevado un 24 de julio.
Noticias: ¿Su madre o su esposa aparecieron?
Anguita: Mi esposa sí, la dejaron irse a Europa. Mi mamá no volvió.
Noticias: ¿Alguna vez sintió culpa de haber perdido a su madre porque ella se jugó por usted?
Noticias: Mirá, la preparación que uno tiene en esos momentos es… te doy un ejemplo: yo hacía autocontrol hasta para dormir. Me despertaba de noche para hacer gimnasia, porque estaba prohibido. Cuando se llevaron a mi mamá estaba leyendo "Siberia", de Dostoievski, y pensé que no podía cambiar de libro. Me costaba una enormidad, entre fiebre y llantos me decía que no podía quedarme en el camino de nada. Sólo en un momento estuve al borde de la locura: había decidido matar a un oficial penitenciario. No soportaba más el dolor…
Noticias: ¿Qué era lo que más dolía?
Anguita: El desborde. Llegué a planear su muerte, y salió mal.
Noticias: ¿Lo intentó?
Anguita: Sí. Había un oficial, famoso por golpeador, que cada tanto se llevaba a alguien al calabozo para cagarlo a trompadas. Cuando salíamos al patio no podíamos levantar la cabeza, entonces pensé en levantarla cuando él pasara a mi lado, para que me llevara al calabozo. Y en el momento en que me dijera algo, lo iba a matar delante de todos.
Noticias: Una locura…
Anguita: Sí, pero tenía una técnica bastante sofisticada, una manera de ahorcar a un tipo que no falla: metiéndole los dedos en la tráquea y rompiéndosela. Otros presos dormían con una gillette para cortarse las venas, cada uno se refugiaba… era un duelo con la muerte: matar o morir era lo mismo. Se lo comenté a otro preso y me dijo que no lo hiciera, que yo tenía que apostar a la vida.
Noticias: ¿Qué le diría a su madre, si pudiese volver a verla?
Anguita: (se queda unos minutos callado) Mirá, cuando cobré la indemnización fundé con ese dinero un Hogar para niños. Le diría: "Tengo unos pibes que a lo mejor ni saben quién fuiste, pero si vos no hubieras existido, estos pibes no estarían en esta casa". Así como ella se ocupó de mi arriesgando su vida, yo hago una cosa muy maricona, que es poner unos pocos recursos para que otros laburen con pibes. Al principio me encargaba personalmente, pero ese nunca fue mi laburo. Ella también era madre... yo no soy padre.
Noticias: ¿Por qué no fue padre?
Anguita: Ehhh… En realidad, porque no tuve suerte... en dos o tres oportunidades quise tener hijos, incluso me hice análisis y el médico me diagnosticó varicocele, una enfermedad que podía afectar a los espermatozoides móviles… me operé a la semana. Y después de que me casé con mi actual mujer, ella quedó embarazada y lo perdió. Voluntad había...
Noticias: Hablando de voluntades, usted escribió junto a Martín Caparrós "La voluntad", en tres tomos que describen aquellos años negros...
Anguita: Te voy a contar algo que tiene que ver con "La voluntad": yo cobré un dinero por haber estado preso, cosa que nunca hubiera imaginado, así que sentí la tranquilidad de que por unos años iba a poder contar con un dinero para vivir. Si la hubiera ganado trabajando, hubiera estado mejor (ríe).
Noticias: ¿Cuál era el peor miedo dentro de la cárcel?
Anguita: Está muy poco estudiado qué le pasa a alguien que perdió la libertad, sobre todo si tiene un espíritu revolucionario. Estaba alterado, pero tenía la creencia sistemática de que iba a salir libre. Era lo que me mantenía vivo y eso me hacía no tenerle miedo a nada.
Noticias: ¿En qué cosas siente que la cárcel lo fortaleció y en qué lo volvió más frágil?
Anguita: Me fortaleció el ser muy metódico. Cuando salí de la cárcel tuve la sensación de que tenía que empezar de nuevo. Y hacerse cargo de eso es tremendo. La fragilidad que tenía al otro día de salir después de casi 11 años, sin plata, sin trabajo, sin saber qué hacer... En la cárcel era un revolucionario, en la calle no era nada. Me ofrecieron un trabajo en la revista "Entre Todos", pero no era periodista, ni siquiera sabía escribir a máquina. Era muy pobre, vivía en un departamento de mi mamá y no tenía plata para pagar las expensas. Y nadie me daba trabajo. Entonces, mi ex mujer me regaló un libro que tenía un cartoncito impreso con el teclado de la máquina de escribir y todas las mañanas, antes o después de hacer gimnasia, aprendía un poco. Hice la carrera de Comunicación, estudié inglés, empecé de cero a los 31 años. Hasta ese entonces había vivido muchas vidas. Estaba muy golpeado, no sabía cuáles eran mis sentimientos, tenía muchas corazas, no sabía a quién quería. No tenía modelos, porque por un lado seguía admirando al "Che" Guevara, pero eso no me servía para todos los días. Tenía demasiada reja encima y me faltaba calle.

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