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Año XXII
Nº 1495 del 20-08-2005
Publicación semanal de Editorial Perfil

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Fausto en colores. Un clásico ilustrado por un maestro, Oscar Grillo.
 
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  LIBROS
  Las ganas de vivir
  "Fausto" de Estanislao del Campo. Ilustrado por Oscar Grillo. De La Flor, 122 págs. $ 40.-
 

* * * * *
Este "poema gauchesco" es una de las pocas obras de la literatura argentina que se zambulle sin pudores ni segundas partes melancólicas, en la felicidad del diálogo amistoso. Esa alegría se basa en un drama tremebundo y germánico: el "Fausto" de Goethe. Diversos avinagrados (Rafael, hermano de José Hernández, y Leopoldo Lugones) le han marcado a Del Campo "errores" que el prologuista y excelente editor Eduardo Stilman detalla y discute en un prólogo informado y extenso.
Un paisano sale desnudo de entre las aguas para abrazarse con su amigo Laguna, a quien no ve hace tiempo. Una vez vestido e instalado el ambiente, un paisano le cuenta al otro que ha ido al Colón: algo imposible, según apuntó el admonitorio Lugones. Aunque el contexto no puede ser más creíble y argentino: el gaucho paga su entrada para aliviar el ocio impuesto por una cadena de deudores "bicicleteros", y en el amontonamiento del público "fino" alguien le "refala" el puñal de la cintura.
Después ve la obra como en la cancha: "en un alto, finalmente,/ande va la paisanada,/que era la última camada/en la estiba de la gente." De allí en adelante, el Fausto goetheano se convierte en disfrute puro, sobre todo porque es punteado por pausas relajadas que pintan el paisaje o hacen precisiones sobre la tragedia del amor no correspondido.
Las ilustraciones del gran Oscar Grillo potencian el goce de los dos personajes: los pinta con dentaduras dadas a la sonrisa abierta y encandilante, y con las manos agrandadas y la gesticulación de la gente que trabaja. El uso del color es explosivo y virtuoso a la vez: intercala atmósferas rojas y cálidas o violetas y siniestras, y cuelga del aire una imagen angelical cuando el diablo necesita mostrarle Margarita al famoso doctor con toda la metafísica del ideal. Las caras de sus gauchos, de ojos agrandados por el asombro, y sobre todo cuando miran frontales al espectador de ese modesto escenario que es el libro, son alucinantes. Uno sospecha que el artista logra comunicar ese alucine porque usa la droga más pesada y eficaz de todas: la realidad y las ganas de vivir.
En una de las primeras veces (1926) en que escribió sobre este texto, Borges lo definió bien y macedónicamente: "Libro más fiestero, más díscolo, más buen palmeador del vivir, no conozco ninguno." Segundo volumen de una cuidada serie de álbumes ilustrados (el primero fue el "Martín Fierro" de Fontanarrosa), incluye los diversos prólogos y cartas de la primera edición y el inevitable "Vocabulario" final. l

   
  Por: Elvio E. Gandolfo | Fotos: CEDOC
 

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