Año XXII
Nº 1495 del 20-08-2005
Publicación semanal de Editorial Perfil

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Bebel. Su estilo circula por una mezcla de bossa nova, pop y balada.
 
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  En nombre del padre
  Frente a un Coliseo con mucho público, Bebel Gilberto presentó el material de sus dos discos y dejó con ganas de más.
 

* * *
Bebel Gilberto se crió entre artistas enormes. Su padre es Joao Gilberto, una de las principales voces de la bossa nova. Su madre es Miúcha, otra cantante ilustre. Su tío es el genial Chico Buarque. Y su madrastra -la segunda esposa de Joao- es Astrud Gilberto. Bebel nació en los Estados Unidos, pero su vida se dividió entre Río de Janeiro, Londres y Nueva York. En todos esos lugares, su casa fue epicentro de reuniones de las que participaron figuras como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa o Stan Getz.

Con toda esta historia personal, parece que la chica -nacida en 1966- no podía ser sino artista. Debutó tempranamente a los siete años en un escenario emblemático, el del Carnegie Hall, junto a su madre y a Getz; y a los 20, era corista de la banda de David Byrne. Pero lejos de jugarle sólo a favor, esta mochila familiar demoró su debut solista que llegó mucho más tarde, con el álbum "Tanto tempo" de 2001. Desde entonces, ha empezado a hacerse un espacio propio en el mundo de la música: grabó otro disco -"Bebel Gilberto", en 2004-, presentó las versiones "remixadas" de sus dos trabajos, y ha dado algunas vueltas por América y Europa.

Su estilo -más allá de los remixes que le valieron el mote de "reina de la electrobossa"- circula por una mezcla de bossa nova edulcurada, pop norteamericano y balada de hotel internacional. El formato acústico, pequeño, camarístico -guitarra, bajo, percusión, flauta, como estructura principal- la libera del estruendo del show efectista. Sin embargo, aún no ha terminado de redondear una personalidad fuerte y las referencias a géneros conocidos la ponen en un lugar intermedio al que le falta definición. La corrección, el profesionalismo y la solvencia juegan a su favor. Pero cierto tono monocorde, la falta de sorpresa, una búsqueda que no termina de redondearse, son puntos flacos de un artista que, seguramente, tiene todavía más futuro que presente. l

   
  Por: Ricardo Salton | Foto: Octavio Mancini.
 

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