Katrine Roëd
nació en Noruega y cuando terminó el colegio
secundario, su padre le dijo que estudiara cualquier cosa
menos gastronomía. Entonces comenzó en una
escuela de hotelería y rápidamente inició
una carrera en una línea aérea. Luego de volar
unos cuantos años pasó a la diplomacia y en
1969 llegó a la Argentina como asistente del Embajador
de Noruega, representación diplomática que,
por entonces tenía poco personal, lo que la llevó
a cocinar. Para mejorar sus conocimientos estudió
con la gran experta Beatriz Chomnalez, a quien considera
su maestra. Se desvincula de la vida diplomática
en 1980 y empieza su ininterrumpida vida gastronómica
en "Subito" de Acassuso, en donde convirtió
en famosos a los crêpes de naranja y los pastelitos
de manzana con salsa de damasco. Como su predilección,
más allá de la repostería, eran y son
los pescados (el manejo lo adquirió en Noruega) y
las pastas, zarpa a Italia -Torino y Bologna- en donde estudió
y practicó la especialidad. Al regresar a Buenos
Aires inaugura "Katrine" en Puerto Madero, en
donde tuvo la mayor sorpresa de su vida el día que
entró Madonna a comer, sencilla y obstinadamente,
un plato de merluza negra.
Luego de un descanso reanuda ahora su trabajo en donde comenzó,
pero con un nombre más florido, "Subito Sotto
il Ponte", lograda metáfora por la autopista
que sobrevuela la Recova de Posadas. El pequeño local
está ambientado con buen gusto con elegantes tubos
de luz, paredes negras con filetes plateados, un estilo
años 50, minimalista y funcional, con boxes, mesas
y vereda, que en verano integrará el salón
interno. El servicio es abundante y profesional y la lista
de vinos bien provista.
La cocina de Katrine se distingue por su ingeniosa combinación
de ingredientes, preparaciones clásicas y delicadas,
sabores definidos y sutiles. Su menú es una muy buena
muestra de su estilo: un amplio antipasto de la casa para
2/4 personas, varias pizzetine, gravlax, ensalada de espinacas
con panceta y nueces o de salmón y rúcula
con huevo poché, champiñones grillados con
fonduta y rúcula, risotto de langostinos y camarones,
un gran plato con variedad de pastas, lasaña abierto
con huevo frito, puré de espárragos, habas
y arvejas, muy buen spezzattino di pesce a la ligure, pappardelle
con tomates y hongos, spaghetti con pesto de tomate, aceitunas
negras y parmesano, salmón grillado con polenta y
minestrone de hongos, pescado del día con caponata,
cordero con jugo de echalotes, tomillo y vegetales de estación,
tagliatta di vitello con zucchini, berejenas, rúcula
y balsámico. Entre los postres, están la terrina
de chocolate, tarta tibia de peras, crêpes de naranja
semifreddo de maracuyá con frutas del trópico
y otros, cada uno con vino sugerido para acompañarlo.
Las preparaciones son parejas y las porciones pensadas
para un menú a la italiana, o sea antipasto, primo
piatto, secondo e dolce, si bien nada impide reducirlo a
tres, como sucede en el menú auspiciado por la bodega
Bianchi ($ 65) o en del mediodía ($ 25). Esta incorporación
a la pequeña comunidad gastronómica de La
Recova suma una propuesta diferente: su cocina se diferencia
sustancialmente de las propuestas existentes y la ambientación
aporta un estilo nuevo. Bienvenido, pues. l
|