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Curiosa situación la de Luisa Delfino y "Te
escucho". Porque cambió una manera de hacer
radio. Hasta ella la radio se oía. Y a partir de
este ciclo, en 1991, el oyente, en tono íntimo, le
habló él a la radio. Lo que era intercambio
se hizo comunicación, que es un grado más
alto del diálogo. Claro que había otras experiencias.
Pero ésta trazó un rumbo en el aire. Y el
antecedente, siempre recordado, re-significa a "Te
escucho" en el plano de lo simbólico. Esto tenía
que suceder en la radio, cuya audiencia tiene un concepto
propio de la fidelidad, diferente al de otros medios.
Hay secciones fijas: "¿Dónde estás?"
(personas a las que se les perdió el rastro), "Me
cansé de estar solo" (para encontrar compañía),
"El sentimiento íntimo" ("cosas de
adentro") o "Por los caminos", un plato fuerte
en el que, los camioneros, con su rara sabiduría,
y acomodando el celular en medio del viento de la ruta,
cuentan sus vivencias.
El programa no busca trabajos, ni suele hacer colectas ni
da al aire números telefónicos de oyentes.
La producción, con esmerado trabajo de Daniel Giraldes,
no filtra llamadas y deja que la conductora trabaje sin
red. Luisa Delfino, con voz pausada y hasta quizás
monótona, pregunta cosas que ya sabe (la idea es
que las diga el otro) y deja hablar (el oyente puede explayarse
de quince hasta treinta minutos). También se leen
textos (especialmente cuentos). Como valor agregado, hay
que mencionar que el psicólogo Román Barrós
está siempre a disposición (eso no sale al
aire) y que Mariano Abraham recomienda teatro y entrevista
a los actores. Además, hay un poco de actualidad
(si no hay fútbol va desde las 21) y mensajes de
oyentes.
"Te escucho" se parece a lo que el psicoanálisis
llama transferencia: descargar sentimientos mediante la
palabra. Tal vez se podría esperar más nivel
en las entrevistas. Pero la sabiduría de Lao Tse,
alerta: "La palabra elegante no suele ser sincera.
Y la sincera no suele ser elegante". l
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