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El frío
punzante y los andenes desolados, ese 7 de julio de 1953,
siguen intactos en su memoria. Recuerda a Ernesto Guevara
(25 años, médico flamante) llegando a la estación
de Retiro con un chaleco y una campera verde militar, bombachas
y borceguíes, 6.900 pesos en el bolsillo y una valija
con más libros que ropa.
Él, en cambio, era la estampa de un dandy: campera
de cuero, botas de "López Taibo", en la
billetera 7.100 pesos y un valijón repleto de ropa,
sin olvidar un traje oscuro para la noche. "Yo era
más cajetilla, después tuvimos que vender
todo por el camino, la situación se puso terrible",
evoca Carlos "Calica" Ferrer.
El tren empezó a alejarse y el "comité
de despedida" (familia, amigos y noviecitas) contrastaba
con los cholos y sus bártulos, los compañeros
en el vagón de segunda del Ferrocarril Belgrano rumbo
a La Paz, Bolivia. Durante 4 meses los dos amigos recorrieron
Bolivia, Perú y Ecuador. Hasta que sus caminos se
bifurcaron, y nunca más volvieron a verse. Ernesto
se convirtió en el mítico "Che".
Y, cincuenta y dos años después, "Calica"
publicará un libro de memorias: "De Ernesto
al Che. El segundo y último viaje de Ernesto Guevara
por Latinoamérica" (Editorial Marea), con cartas
y fotos inéditas de aquel viaje crucial.
Noticias: ¿Su padre era médico de
los Guevara en Alta Gracia?
Carlos "Calica" Ferrer: Los Guevara llegaron
buscando un buen clima para su hijo asmático, Ernestito,
de 3 años. Mi padre, Carlos Ferrer Zorrilla, era
tisiólogo (la tuberculosis era el drama de la época)
y terminó siendo el médico de la familia.
Un amigo dice que nos unió el bacilo de Koch (ríe).
Noticias: ¿Es cierto que el asma se había
desencadenado en Ernesto a los 2 años, una noche
en que su madre lo dejó durmiendo al lado de la piscina
del Club Náutico, mientras ella nadaba bajo la lluvia?
Ferrer: Dicen que hubo peleas entre los padres
porque Celia lo metió al agua y Ernestito se enfrió,
pero varios médicos me dijeron que con asma se nace.
Celia era una mujer de avanzada, no creo que haya puesto
en riesgo al chico, pudo tener un enfriamiento…
Noticias: El asma lo torturaría toda la vida.
¿Él se quejaba, hablaba sobre eso?
Ferrer: No. Su personalidad era tan fuerte que
un asma como el suyo, muy bravo, no le impidió hacer
nada. Celia, muy inteligente, lo crió como a un chico
normal. Si le daba un ataque y estaba con nosotros en las
sierras, lo transportábamos en sillita de oro. Cuando
ya estaba en Cuba peleando, el padre alardeando decía:
"¡Mirá este indio, en qué se mete!".
Y cuando lo dieron por muerto, saltó: "¡A
ese chiquilín no lo mata nadie!".
Noticias: ¿Cómo era Celia, la madre?
Ferrer: Delgada, fibrosa, una mujer distinguidísima
y muy culta. Hablaba el francés y había estudiado
en el Sacré Coeur. Ernesto se le parecía en
temperamento.
Noticias: ¿Él monopolizaba su atención,
por ser el hijo más vulnerable?
Ferrer: Tenía que ayudar más a ese
hijo, pero todos la adoraban. Ernesto padre tenía
su carácter, era un tipo muy fuerte, con una fuerza
sobrenatural.
Noticias: ¿Había choques, divergencias,
entre padre e hijo?
Ferrer: Pudo haber, nunca graves. Ernesto se alejó
de la casa a los 22 años, sus padres ya estaban separados
pero vivían bajo el mismo techo. Nunca se percibía
mal clima, era un lugar muy divertido, se discutía
todo. Enfrentarse con el viejo Guevara no era fácil.
Noticias: ¿Qué postura política
tenían los Guevara?
Ferrer: Eran antiperonistas. Ernesto padre se metía
en los comités contrarios a Perón, abogaba
por la libertad, por todo. Ernesto comulgaba con esas ideas,
luego con los años le reconocería muchas cosas
al peronismo. Ya en Buenos Aires, los dos estudiábamos
Medicina, pertenecíamos a la Federación Universitaria
y salíamos a hacer pintadas contra Perón.
Pero Ernesto nunca intervino en política universitaria.
Con él hice quinto grado, en el Colegio Manuel Solares
de Alta Gracia.
Noticias: ¿Era un alumno inteligente o sólo
discreto? ¿Fue el preferido de las maestras?
Ferrer: Tenía muchas ausencias por el asma.
Los primeros años Celia le enseñaba a leer
en su casa, estaba muy afectado. Era buen alumno, pero díscolo,
y un fenómeno en Historia, Geografía e Instrucción
Cívica. Los padres, que eran ateos, dieron órdenes
de que saliera del curso cuando daban catecismo. Después
se mudaron a Córdoba, hizo el secundario en el Colegio
Deán Funes.
Noticias: ¿La casa paterna denotaba un buen
pasar?
Ferrer: Ocuparon distintas casas, pero donde más
vivieron fue donde funciona el "Museo Ernesto Che Guevara".
El patio no tenía fin, en esa época las casas
estaban separadas por baldíos, con selva para abajo
y para arriba. De ahí salían esas piernas,
como decía Ernesto padre de su hijo, que se entrenó
subiendo y bajando sierras, saltando arroyos. Los Guevara
Lynch y los de la Serna habían descendido económicamente:
eran familias grandes y los campos se dividían. Y
por la enfermedad de Ernestito tuvieron que dejar sus amistades
porteñas, paquetas e influyentes. Pero tenían
un buen pasar.
Ernesto era el hijo mayor, luego llegaron Celita (hoy arquitecta)
Roberto (abogado); Ana María (arquitecta, que vivió
en Cuba y murió de cáncer), y Juan Martín
(dueño del restaurante "Epicúreos"
y representante del ron cubano en Argentina). Muchos años
después, tras la muerte de Celia por un cáncer,
su marido se volvió a casar y tuvo a María
Victoria, Ramón (el "nom de guerre" del
"Che" en Bolivia) y Ramiro.
"De cada piedra de Alta Gracia sale un recuerdo de
Ernesto", se entusiasma "Calica". En su departamento
porteño, este jubilado de comercio, casado y con
dos hijos, recuerda cuando Guevara padre dirigió
la modernización de la cancha de golf del Sierras
Hotel: "Los carritos de golf no existían, el
hotel le mandaba dos caballos para recorrer la cancha, y
los aprovechábamos Ernesto y toda la chiquilinada".
El primogénito de los Guevara se reveló líder
en aquellas barritas donde abundaban las pedradas y los
hondazos. Ágil, movedizo, buen nadador y ciclista,
jugaba al rugby y en el fútbol era siempre el arquero,
limitado por el asma. "Cuando había que trompearse
era bueno, el viejo les enseñó un poco de
boxeo. Y cuando se le metía algo en la cabeza era
muy terco"
Noticias: ¿Era intransigente, desafiante?
Ferrer: No, era activo, polémico, pero afectuoso.
Cuando quería hacerlo enojar yo lo llamaba "Chancho"
(porque era duro para bañarse) o "Güevara"
(ríe).
Noticias: ¿Era de hacer cosas inusuales,
alguien fuera del molde?
Ferrer: En el primario tomaba tinta y mascaba tiza,
se ufanaba: "A mí no me hace mal nada".
Y era propenso a discutir: buscaba roña, para ver
qué podía aprender.
Noticias: ¿Qué leía por aquella
época?
Ferrer: Iba infinitamente más adelantado
que los demás, que leíamos a Verne o Salgari.
Nunca hacía alarde, pero cuando él hablaba
parábamos la oreja. Leía autores importantes,
recitaba a Neruda. Cuando empezó a viajar, cada día
escribía una especie de diario.
Noticias: ¿Es cierto que su compasión
era tan grande que en los bailes sacaba a bailar a la menos
agraciada?
Ferrer: Sacaba a la más linda, si le daba
pelota. Pero un día llegó del colegio sin
guardapolvo: lo había regalado a un chico pobre.
Se sacaba el suéter y lo regalaba a cualquiera. Veía
un animal lastimado y lo traía a su casa, como una
perra a la que le faltaba una pata. Buscó en la Medicina
la posibilidad de hacer algo por su asma. Aquí trabajó
con un alergólogo conocido, el doctor Pisani.
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