Año XXII
Nº 1503 del 15-10-2005
Publicación semanal de Editorial Perfil

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“Sus ideales persisten, pero hoy (el Che) no usuaría la metodología de las armas, eso lo hizo a los 39 años”.
 
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En plena travesía. Ernesto Guevara (izq.) y Calica (der.), con un amigo circunstancial, en La Paz, Bolivia, una foto inédita. Durante el viaje no revelaban los rollos por falta de dinero, y finalmente la mayoría se perdieron.
 
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  Carlos "Calica" Ferrer (76)
  "Ernesto seguiría siendo un tipo difícil"
  Amigo de la infancia del "Che" Guevara, lo acompañó en el segundo viaje por Latinoamérica, el que cambiaría su destino. Prepara un libro con las peripecias de la expedición.
 

El frío punzante y los andenes desolados, ese 7 de julio de 1953, siguen intactos en su memoria. Recuerda a Ernesto Guevara (25 años, médico flamante) llegando a la estación de Retiro con un chaleco y una campera verde militar, bombachas y borceguíes, 6.900 pesos en el bolsillo y una valija con más libros que ropa.
Él, en cambio, era la estampa de un dandy: campera de cuero, botas de "López Taibo", en la billetera 7.100 pesos y un valijón repleto de ropa, sin olvidar un traje oscuro para la noche. "Yo era más cajetilla, después tuvimos que vender todo por el camino, la situación se puso terrible", evoca Carlos "Calica" Ferrer.
El tren empezó a alejarse y el "comité de despedida" (familia, amigos y noviecitas) contrastaba con los cholos y sus bártulos, los compañeros en el vagón de segunda del Ferrocarril Belgrano rumbo a La Paz, Bolivia. Durante 4 meses los dos amigos recorrieron Bolivia, Perú y Ecuador. Hasta que sus caminos se bifurcaron, y nunca más volvieron a verse. Ernesto se convirtió en el mítico "Che". Y, cincuenta y dos años después, "Calica" publicará un libro de memorias: "De Ernesto al Che. El segundo y último viaje de Ernesto Guevara por Latinoamérica" (Editorial Marea), con cartas y fotos inéditas de aquel viaje crucial.
Noticias: ¿Su padre era médico de los Guevara en Alta Gracia?
Carlos "Calica" Ferrer: Los Guevara llegaron buscando un buen clima para su hijo asmático, Ernestito, de 3 años. Mi padre, Carlos Ferrer Zorrilla, era tisiólogo (la tuberculosis era el drama de la época) y terminó siendo el médico de la familia. Un amigo dice que nos unió el bacilo de Koch (ríe).
Noticias: ¿Es cierto que el asma se había desencadenado en Ernesto a los 2 años, una noche en que su madre lo dejó durmiendo al lado de la piscina del Club Náutico, mientras ella nadaba bajo la lluvia?
Ferrer: Dicen que hubo peleas entre los padres porque Celia lo metió al agua y Ernestito se enfrió, pero varios médicos me dijeron que con asma se nace. Celia era una mujer de avanzada, no creo que haya puesto en riesgo al chico, pudo tener un enfriamiento…
Noticias: El asma lo torturaría toda la vida. ¿Él se quejaba, hablaba sobre eso?
Ferrer: No. Su personalidad era tan fuerte que un asma como el suyo, muy bravo, no le impidió hacer nada. Celia, muy inteligente, lo crió como a un chico normal. Si le daba un ataque y estaba con nosotros en las sierras, lo transportábamos en sillita de oro. Cuando ya estaba en Cuba peleando, el padre alardeando decía: "¡Mirá este indio, en qué se mete!". Y cuando lo dieron por muerto, saltó: "¡A ese chiquilín no lo mata nadie!".
Noticias: ¿Cómo era Celia, la madre?
Ferrer: Delgada, fibrosa, una mujer distinguidísima y muy culta. Hablaba el francés y había estudiado en el Sacré Coeur. Ernesto se le parecía en temperamento.
Noticias: ¿Él monopolizaba su atención, por ser el hijo más vulnerable?
Ferrer: Tenía que ayudar más a ese hijo, pero todos la adoraban. Ernesto padre tenía su carácter, era un tipo muy fuerte, con una fuerza sobrenatural.
Noticias: ¿Había choques, divergencias, entre padre e hijo?
Ferrer: Pudo haber, nunca graves. Ernesto se alejó de la casa a los 22 años, sus padres ya estaban separados pero vivían bajo el mismo techo. Nunca se percibía mal clima, era un lugar muy divertido, se discutía todo. Enfrentarse con el viejo Guevara no era fácil.
Noticias: ¿Qué postura política tenían los Guevara?
Ferrer: Eran antiperonistas. Ernesto padre se metía en los comités contrarios a Perón, abogaba por la libertad, por todo. Ernesto comulgaba con esas ideas, luego con los años le reconocería muchas cosas al peronismo. Ya en Buenos Aires, los dos estudiábamos Medicina, pertenecíamos a la Federación Universitaria y salíamos a hacer pintadas contra Perón. Pero Ernesto nunca intervino en política universitaria. Con él hice quinto grado, en el Colegio Manuel Solares de Alta Gracia.
Noticias: ¿Era un alumno inteligente o sólo discreto? ¿Fue el preferido de las maestras?
Ferrer: Tenía muchas ausencias por el asma. Los primeros años Celia le enseñaba a leer en su casa, estaba muy afectado. Era buen alumno, pero díscolo, y un fenómeno en Historia, Geografía e Instrucción Cívica. Los padres, que eran ateos, dieron órdenes de que saliera del curso cuando daban catecismo. Después se mudaron a Córdoba, hizo el secundario en el Colegio Deán Funes.
Noticias: ¿La casa paterna denotaba un buen pasar?
Ferrer: Ocuparon distintas casas, pero donde más vivieron fue donde funciona el "Museo Ernesto Che Guevara". El patio no tenía fin, en esa época las casas estaban separadas por baldíos, con selva para abajo y para arriba. De ahí salían esas piernas, como decía Ernesto padre de su hijo, que se entrenó subiendo y bajando sierras, saltando arroyos. Los Guevara Lynch y los de la Serna habían descendido económicamente: eran familias grandes y los campos se dividían. Y por la enfermedad de Ernestito tuvieron que dejar sus amistades porteñas, paquetas e influyentes. Pero tenían un buen pasar.
Ernesto era el hijo mayor, luego llegaron Celita (hoy arquitecta) Roberto (abogado); Ana María (arquitecta, que vivió en Cuba y murió de cáncer), y Juan Martín (dueño del restaurante "Epicúreos" y representante del ron cubano en Argentina). Muchos años después, tras la muerte de Celia por un cáncer, su marido se volvió a casar y tuvo a María Victoria, Ramón (el "nom de guerre" del "Che" en Bolivia) y Ramiro.
"De cada piedra de Alta Gracia sale un recuerdo de Ernesto", se entusiasma "Calica". En su departamento porteño, este jubilado de comercio, casado y con dos hijos, recuerda cuando Guevara padre dirigió la modernización de la cancha de golf del Sierras Hotel: "Los carritos de golf no existían, el hotel le mandaba dos caballos para recorrer la cancha, y los aprovechábamos Ernesto y toda la chiquilinada".
El primogénito de los Guevara se reveló líder en aquellas barritas donde abundaban las pedradas y los hondazos. Ágil, movedizo, buen nadador y ciclista, jugaba al rugby y en el fútbol era siempre el arquero, limitado por el asma. "Cuando había que trompearse era bueno, el viejo les enseñó un poco de boxeo. Y cuando se le metía algo en la cabeza era muy terco"
Noticias: ¿Era intransigente, desafiante?
Ferrer: No, era activo, polémico, pero afectuoso. Cuando quería hacerlo enojar yo lo llamaba "Chancho" (porque era duro para bañarse) o "Güevara" (ríe).
Noticias: ¿Era de hacer cosas inusuales, alguien fuera del molde?
Ferrer: En el primario tomaba tinta y mascaba tiza, se ufanaba: "A mí no me hace mal nada". Y era propenso a discutir: buscaba roña, para ver qué podía aprender.
Noticias: ¿Qué leía por aquella época?
Ferrer: Iba infinitamente más adelantado que los demás, que leíamos a Verne o Salgari. Nunca hacía alarde, pero cuando él hablaba parábamos la oreja. Leía autores importantes, recitaba a Neruda. Cuando empezó a viajar, cada día escribía una especie de diario.
Noticias: ¿Es cierto que su compasión era tan grande que en los bailes sacaba a bailar a la menos agraciada?
Ferrer: Sacaba a la más linda, si le daba pelota. Pero un día llegó del colegio sin guardapolvo: lo había regalado a un chico pobre. Se sacaba el suéter y lo regalaba a cualquiera. Veía un animal lastimado y lo traía a su casa, como una perra a la que le faltaba una pata. Buscó en la Medicina la posibilidad de hacer algo por su asma. Aquí trabajó con un alergólogo conocido, el doctor Pisani.

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