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"Ahora, lo que sigue, es transformar esto de moda en un
modo. Continuar con lo pro de forma más conceptual. Marcar
lo pro, aunque no tenga nada que ver con el partido Propuesta
Republicana. Lo que sigue, es poner en marcha esta idea proactiva,
que no es criticona, que piensa en positivo, que tiene empuje
y va al frente. Me encantaría que se empezara a mirar la
botella medio llena, en lugar de la medio vacía",
concluye el creativo "pro".
Alto perfil. Y pensar que todo comenzó con un cepillo de
dientes. Hoy estas tres letras están en nombre de programas
de tele, chistes, muletillas. En boca de todos. Y también
se convirtió en un estilo de vida. Lo pro hoy trasciende
a la figura y el partido de Mauricio Macri. A tal punto, que el
vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli, asume que se
ve reflejado con ciertos aspectos que definen a la tendencia pro
(ver columna).
Cierto: muchos se preguntarán por qué tal o cual
cosa es pro. Para esclarecer un poco se podrían diseñar
algunos ítems que ayudarían a definir el perfil
"pro". El pensamiento positivo, sin duda, es clave para
entender de qué trata todo esto. Quienes se sienten identificados
con esta movida van para adelante, nada los frena. La autosuperación
es su lema. Es fundamental para cualquier pro actuar en forma
provechosa. A veces con cierto arrojo, pero nunca, jamás,
se deja de lado la sensatez.
De a ratos, este mismo optimismo que los identifica y los lleva
a ir siempre viento en popa se presenta en dosis tan altas que
corren el riesgo de caer en la ceguera, de no querer ver aquello
que haría naufragar una visión promisoria o la concreción
de un proyecto.
Los pro encuentran de lectura obligada libros como "Marketing
personal", de Isabel Fricke Abela, que les ofrece las claves
para el éxito seguro. O se sumergen en las páginas
de "Las 48 leyes del poder", de Robert Greene, ejemplar
que, lo dice su contratapa, contiene normas "que se aplican
tanto en el ámbito del trabajo, en las relaciones, en la
calle o mirando el noticiario de la noche y para lograr cualquier
tipo de propósito".
Es que, un pro lo sabe antes que nadie: las reglas del marketing
y la publicidad pueden ser aplicados tanto para decirle al peluquero
cómo quieren que les haga el peinado como para obtener
un desarrollo laboral impecable. Al fin y al cabo, la meta consiste
en demostrarle a los demás lo que pueden y saben hacer.
Postura, mirada, ropa, todo cuenta.
Una dieta balanceada es pro. Porque lo recomiendan los nutricionistas
y para no crear desproporciones en sus figuras compran comida
light, consumen dos litros de agua por día y cumplen una
rigurosa rutina de ejercicios físicos. Los Mini Cooper,
esos autos cool y caros, son un símbolo pro. Así
como abandonar Pilar, para instalarse en el Delta, donde se respira
naturaleza sin amontonamiento. El mal gusto es una cosa lamentable,
pero lo aprueban en los demás.
Son pro los que proclaman la tolerancia religiosa y la ayuda a
los que más lo necesitan. No miran para otro lado si ven
a un pobre. Verdad es que a veces se pasan de rosca con sus aires
tan naif y pregonan desde revistas de la farándula que
lo más lindo del mundo sería "adoptar un negrito"
como vía válida para contrarrestar la pobreza y
dar el ejemplo.
Tener status es pro. Muchos de los que comulgan con esta movida
dicen divino y divertido como muletilla habitual. No hay época
más gloriosa para esta multitud de optimistas llenos de
promesas que el aquí y ahora. ¿Nostalgia? Eso no
es pro. Y nadie quiere quedar como antiguo. Puede que algunos
los tachen de sosos, pero ellos saben que el culto a la prolijidad
y las buenas costumbres es una forma de vida.
Ningún pro es bostero. Pero es muy probable que su equipo
favorito sea Boca.
Los discursos moralistas del pro son celebrados por sus compañeretes
de bar, de ministerio o de facultad. Tienen compromiso social,
y lo hacen saber.
También es verdad que a los pro les gusta decir las cosas
como son. Pero no siempre lo hacen: a) porque su corrección
política no lo permite; b) porque hay que adaptarse a todo,
lo bueno y lo malo; c) porque las críticas no les sientan
bien; d) porque ante todo hay que mantener las formas y guardar
las buenas costumbres; e) porque las malas palabras suenan feo.
Ya no importa de donde surgió la palabrita, lo que cuenta
es que "lo pro" está diseminándose de
la forma más instantánea y eficaz que se haya visto
nunca. Parece una palabra extraordinaria, pero hay que tener cuidado
con las modas: cabe la posibilidad de que muera de éxito.
Y eso no es pro. l
Por:Ana Peré Vignau | Fotos: Cedoc.
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