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Abril Pereyra Lucena
saca una seda, una bolsita de tabaco, y se arma un cigarrillo.
"Siempre me armo mi tabaquito, es como un ritual", dice.
No se la imaginen onda mochilera, como esos chiquitos para quienes
el cigarrillo armado es parte del hippismo de rigor. Abril está
sentada en el bar del hotel Four Seasons, su apellido es Pereyra
Lucena y es relacionista pública. O sea, sabe cómo
mostrarse. O cómo uno se debe mostrar. Es parte de su trabajo
(¿Su trabajo?: organizar eventos, convocar celebrities
y lograr que todo y todos luzcan maravillosos). Por eso ese cigarrillo
armado entre los dedos a ella le queda bien, sin duda. "También
me gusta fumar habanos", continúa.
Noticias: ¿Ah, sí?
Abril Pereyra Lucena: Siiii. Para fumar menos empecé
con los habanos chiquitos.
Noticias: Da mucho charme...¿no?
Pereyra Lucena: Puede ser, pero sólo los chiquitos,
porque con los grandes me siento una mafiosa. Un día me
encontré en (el restaurante) Casa Cruz con un habano enorme
y una copa de vino, y dije: no puedo estar así....
Sólo unos pocos tienen apellido de calle porteña.
Es una tentación, entonces, preguntar acerca de esas costumbres
aristocráticas que deben conservar las familias de alcurnia.
Parte del imaginario colectivo. Pero Abril corta, enseguida, cualquier
desborde imaginativo: "Soy la oveja negra, tengo un apellido
ilustre pero no tengo campos..., no tengo nada, lo del apellido
es gracioso, ¿no? –dice, después de un silencio,
como si hubiera reflexionado, y continúa- Es un esnobismo
absurdo, tenés el apellido pero, ¿qué te
da?".
De pronto se acuerda de su abuela materna, una señora elegante,
cuidadosa de las formas, casada con un Olivares, fundador del
famoso Instituto Olivares. "De ella heredé los muebles,
y unas valijas Dior, increíbles… mi mamina era lo
máximo, mi gran educadora. Porque soy hija de padres muy
jóvenes, se casaron a los 18, me tuvieron y se separaron
a los cinco meses, eran muy reos. En cambio mi abuela era súper
correcta, educada, femenina, ella me inculcó lo que soy".
Y como si se hubiera entusiasmado con la genealogía, también
habla de su madre descontracturada, esa que la mandó a
una escuela de artistas a la que iban los hijos de David Lebón
y el de Charly García. "Estuvo bueno, porque a mí
siempre me gustó lo artístico, de hecho estudié
teatro muchos años", agrega.
Noticias: ¿Con quién?
Pereyra Lucena: Con Norman (Brisky), soy fan, lo amo.
Norman me sacó la boludez.
Noticias: ¿La boludez?
Pereyra Lucena: Sí, a los 15, cuando empecé,
iba con un buzo en la cintura, estaba traumada con mi culo. Norman
un día armó una ronda, me hizo parar en una silla
y le pidió a toda la clase que comentara sobre mi culo...
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