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Feroz lucha por el poder en la trastienda de la policía
francesa. "Quise hacer un film sobre el descenso a los infiernos
de un personaje poderoso del 36 Quai des Orfebres. Una suerte
de Conde de Montecristo moderno, inscripto en el universo de la
policía con los grandes temas de la tragedia: la amistad,
el amor, la traición y la venganza". Palabras del
director Olivier Marchal, ex policía, que tomó como
modelo "Fuego contra fuego" de Michael Mann, en base
a episodios reales ocurridos en París, a mediados de los
80. Por esos días, una banda armada de extrema eficacia
tiene en jaque a las autoridades, llevando a cabo una serie de
asaltos a camiones blindados de recaudación, siempre con
éxito. El Jefe de Policía Manzini (André
Dussoollier), a punto de retirarse, deja en claro a sus oficiales
de confianza, el teniente Leo Vrinks (D. Auteuil) y Denis Klein
(G. Depardieu), cabeza de la Brigada de Represión de la
Delincuencia, que quien desmantele y atrape e la siniestra organización
tendrá su puesto. Acá se desata una sorda y durísima
lucha interna. En la contienda caerán soplones, policías
y la mujer de Vrinks (V. Golino), muerta en un brutal accidente
durante una persecución. Vrinks va a parar a la cárcel
a causa de un equívoco y Klein, con turbios manejos acaba
quedándose con el premio mayor. Pero sólo por un
tiempo. Cuando Vrinks salga de prisión, al cabo de 7 años
en confinamiento, será la hora de la verdad. El film transita
del clásico policial negro francés al modelo americano
donde impera la acción. Depardieu y Auteuil se sacan chispas
en duelo de titanes. Enfrentados, no piden ni dan cuartel. Un
desafío bravo en tierra de nadie. |