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Año XXII
Nº 1506 del 04-11-2005
Publicación semanal de Editorial Perfil

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TRÁGICA. La régie de Ana D’Anna ofreció un marco teatral correcto.
 
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  Un salto al vacío
  "Tosca", de Puccini, con Haydée Dabusti (Tosca), Darío Saiegh (Cavaradossi), Ricardo Ortale (Scarpia) y elenco. Régie: Ana D’Anna. Director: Antonio Russo. Juventus Lyrica. Teatro Avenida
 

* * * *
No pasa mucho tiempo y Tosca regresa para arrojarse al vacío en el último instante. Las escenografías, las luces, el vestuario y, en general, las puestas van cambiando. Pero los que permanecen invariables son la música, el texto y la imagen de teatro atiborrado que, como una constante, acompaña a cada presentación de esta obra de Puccini, sin lugar a dudas, una obra maestra cuya construcción dramática y musical la convierten en una de las óperas más amadas. Es tan poderoso el imán de la historia y tan cinematográfica su construcción que "Tosca" debe ser una de las pocas óperas que no exige ningún componente de "actualización" por parte de un regisseur que pueda intuir que el argumento va cayendo en alguna vetustez.
Haydée Dabusti tuvo su noche de gloria, recogiendo en el final una salva de aplausos impresionante. En realidad, había hecho méritos suficientes para tal cosecha, con un trabajo sólido, basado en una voz firme, amplia, bien timbrada y afinada cada vez que tuvo un aria o un dúo de gran intensidad frente a sí. Sin embargo, se la notó mucho menos convincente en las escenas de monólogos y diálogos en los cuales lo más importante es el texto que el gran canto y en ellos su voz pierde consistencia. Darío Saiegh había construido un Cavaradossi estable, enérgico y bien actuado y tuvo un único momento de quiebre vocal en el final de "E lucevan le stelle", con una exageración expresiva que desembocó en un final poco feliz. Ricardo Ortale, por su parte, cantó correctamente y sobreactuó un tanto los aspectos libidinosos de Scarpia, sin alcanzar a desarrollar el perfil de sádico refinado que tiene este personaje abyecto.
Correcta fue la dirección de Russo y la orquesta no pudo evitar algunas desafinaciones y desajustes en el último acto. Más allá de estas observaciones, después del salto al vacío de Tosca, las tensiones acumuladas encontraron su vía de escape en un aplauso generoso a toda la compañía. Aunque la palma de oro se la llevó Dabusti. l

   
  Por: Pablo Kohan | Foto: Gentileza Teatro Avenida.
 

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