Año XXII
Nº 1506 del 04-11-2005
Publicación semanal de Editorial Perfil

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  Decíme que me querés
  "Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos" de Zygmunt Bauman. FCE, 201 págs. $ 29.-
 

* * * y 1/2
Nada más fácil que ser un experto en el amor y escribir columnas, consejos o notas enteras, ilustradas con estadísticas. Pero nada más difícil, sin embargo, que leer algo que tenga una relación aunque sea remota con lo que suele ser el amor cuando se lo experimenta. Entre los clásicos, "El arte de amar" de Ovidio sigue siendo imbatible, por lo concreto. Y el buen D. H. Lawrence escribió cuando era muy joven un texto "Del amor", mucho más acertado que su famoso "Amante de Lady Chatterly". Hoy no existe revista dominical, diario o programa de radio o de TV que no tenga su área sobre el tema, por lo general enganchada a los horóscopos.
Buena parte de esa enorme producción sobre "el amor" o "los problemas del amor" es revisada y discutida por Zygmunt Bauman en "Amor líquido", libro enmarcado en su concepto más general de "sociedad líquida". Es aquella en la cual vivimos, sin demasiados puntos de apoyo y cambiante todo el tiempo, donde todo lo sólido se disuelve en el aire. Ya en las primeras páginas define bien el juego: la gente huye de las relaciones para estar libre para... tener relaciones. Sus afirmaciones van siendo apoyadas en secciones al uso sobre los afectos y "la vida" de diarios como el Observer y el Guardian (la prensa y la TV británicas parecen ser sus favoritas), y diversos ensayistas o expertos.
A medida que el lector avanza, va encontrando aforismos citables y párrafos enteros donde se reconoce a sí mismo y lo que lo rodea. Pero el armado mismo del volumen (una serie de frases en negrita que anuncian un apartado), va pareciéndose de a poco a aquello que pretende atacar o explicar. En ese sentido Bauman es uno de los tantos "autores intermedios" del momento, como, por dar otro ejemplo, Slavoj Zizek (y antes, en su momento, Umberto Eco). No son autores de autoayuda, pero tampoco grandes o agudos pensadores.
En este caso Bauman va bastante más allá del nivel cero de complejidad: Bucay o Coelho. Por momentos elige autores sólidos y penetrantes. En otros, cae en nombres ya un poco "pinchados", como Erich Fromm: guiarse por él en el amor es hoy como guiarse por el Correo de la UNESCO en el mundo. En algunas ocasiones el texto tiene tropezones clásicos del pensamiento seudofilosófico a la francesa, como en la antiquísima (y bastante hueca) equiparación entre el amor y la muerte.
A la larga uno no puede quejarse de haberla pasado mal con el texto. Pero difícilmente llegara a plantearse una relación duradera con alguien que pensara así, y muy difícilmente lo elegiría como amante. Más bien le daría la oportunidad de un par de noches, para ver qué pasa. Después es muy posible que pasara a otra cosa, también para ver qué pasa. Y pasaría así, casi sin darse cuenta, a engrosar las estadísticas de esas relaciones inestables, colgadas entre el amor y el deseo, tan citadas en su propio libro. l

   
  Por: Elvio E. Gandolfo | Fotos: Cedoc.
 

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