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Nada más fácil que ser un experto en el amor
y escribir columnas, consejos o notas enteras, ilustradas
con estadísticas. Pero nada más difícil,
sin embargo, que leer algo que tenga una relación
aunque sea remota con lo que suele ser el amor cuando se
lo experimenta. Entre los clásicos, "El arte
de amar" de Ovidio sigue siendo imbatible, por lo concreto.
Y el buen D. H. Lawrence escribió cuando era muy
joven un texto "Del amor", mucho más acertado
que su famoso "Amante de Lady Chatterly". Hoy
no existe revista dominical, diario o programa de radio
o de TV que no tenga su área sobre el tema, por lo
general enganchada a los horóscopos.
Buena parte de esa enorme producción sobre "el
amor" o "los problemas del amor" es revisada
y discutida por Zygmunt Bauman en "Amor líquido",
libro enmarcado en su concepto más general de "sociedad
líquida". Es aquella en la cual vivimos, sin
demasiados puntos de apoyo y cambiante todo el tiempo, donde
todo lo sólido se disuelve en el aire. Ya en las
primeras páginas define bien el juego: la gente huye
de las relaciones para estar libre para... tener relaciones.
Sus afirmaciones van siendo apoyadas en secciones al uso
sobre los afectos y "la vida" de diarios como
el Observer y el Guardian (la prensa y la TV británicas
parecen ser sus favoritas), y diversos ensayistas o expertos.
A medida que el lector avanza, va encontrando aforismos
citables y párrafos enteros donde se reconoce a sí
mismo y lo que lo rodea. Pero el armado mismo del volumen
(una serie de frases en negrita que anuncian un apartado),
va pareciéndose de a poco a aquello que pretende
atacar o explicar. En ese sentido Bauman es uno de los tantos
"autores intermedios" del momento, como, por dar
otro ejemplo, Slavoj Zizek (y antes, en su momento, Umberto
Eco). No son autores de autoayuda, pero tampoco grandes
o agudos pensadores.
En este caso Bauman va bastante más allá del
nivel cero de complejidad: Bucay o Coelho. Por momentos
elige autores sólidos y penetrantes. En otros, cae
en nombres ya un poco "pinchados", como Erich
Fromm: guiarse por él en el amor es hoy como guiarse
por el Correo de la UNESCO en el mundo. En algunas ocasiones
el texto tiene tropezones clásicos del pensamiento
seudofilosófico a la francesa, como en la antiquísima
(y bastante hueca) equiparación entre el amor y la
muerte.
A la larga uno no puede quejarse de haberla pasado mal con
el texto. Pero difícilmente llegara a plantearse
una relación duradera con alguien que pensara así,
y muy difícilmente lo elegiría como amante.
Más bien le daría la oportunidad de un par
de noches, para ver qué pasa. Después es muy
posible que pasara a otra cosa, también para ver
qué pasa. Y pasaría así, casi sin darse
cuenta, a engrosar las estadísticas de esas relaciones
inestables, colgadas entre el amor y el deseo, tan citadas
en su propio libro. l
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