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Pocas veces es posible asistir a un concierto de la importancia
del que dieron Wayne Shorter y sus músicos. Figura
fundamental del jazz en el último lustro, integrante
del quinteto de Miles Davis de la década del ‘60,
del cuarteto de John Coltrane y del Art Blakey's Jazz Messengers,
co-fundador -junto a Joe Zawinul- del recordado Weather
Report -grupo líder de los inicios del jazz-fusión-,
Shorter ha rendido ya todos los exámenes; y los ha
aprobado con creces. Pasó con solvencia por el bebop
y el hard bop, lideró la fusión, y exhibe
novedades y talento en cada una de sus formaciones solistas.
Y en ese marco, este cuarteto del saxofonista alto y tenor,
debe ser de los más compactos que ha constituido.
Cada uno de ellos -el panameño Danilo Pérez
en piano, y los norteamericanos John Patitucci en contrabajo
y Brian Blade en batería- son solistas consagrados,
grandes improvisadores y excelentes músicos a la
hora de integrarse al grupo.
Shorter puso toda su historia en el escenario del Gran Rex,
repleto en día de semana. Esta formación tiene
cinco años tocando; y las horas pasadas en distintos
escenarios se nota. Está claro el papel de líder
que le cabe al saxofonista; pero es tal la destreza técnica
y la capacidad de improvisación del resto de los
músicos, que a lo largo de la noche ese lugar de
"frontman" va pasando por distintas manos.
El lenguaje utilizado en este caso, lo coloca a Shorter
en los tiempos compartidos con Davis. Al revés que
en el jazz clásico -en que la presentación
de la melodía y el esquema armónico da paso,
luego, a las improvisaciones-, en su concierto nada se expone
claro ni previsible. La libertad absoluta con que manejan
los solos los hacen circular por los caminos del free-jazz
o de la música culta contemporánea; los temas
no quedan expuestos sencillamente sino que se van armando
a medida que transcurren, los ritmos -y hasta los pies-
se modifican en el transcurso.
Jazz para un público entrenado -a considerar el entusiasmo
manifestado-, también la lista de títulos
es algo aleatorio para Shorter y sus compañeros.
"Over shadow hill way", "Beyond the sound
barrier" y "Joy Ryder" fueron algunas de
las piezas escuchadas. Aunque en realidad muy poco importa
de qué temas se trate, puesto que lo más interesante
está en la ejecución, en la "performance",
en la puesta en acto que tiene una espontaneidad absoluta.
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