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Las intrigas familiares son una arcilla largamente modelada
por los guionistas de televisión. En "Ambiciones",
Gustavo Belatti y Mario Segade se valen de ella para narrar
una historia donde nada será lo que parece y casi
nadie resultará quien dice ser. Construido en base
a secretos, dobleces y traiciones, el relato se interna
por la zona más sombría de los López
Armestoy. En el centro de la disputa hay una empresa, un
padre súbitamente muerto (Aldo Barbero) -en apariencia,
de un infarto- y una pelea despiadada por su herencia. Ya
en vida del progenitor sus hijos discrepaban sobre lo que
debería ser el destino del holding: Lucrecia (Susú
Pecoraro) quería conservarlo mientras que su hermano,
Fernando (Antonio Birabent), soñaba con venderlo
a un grupo de inversionistas extranjeros. Abierta la sucesión,
ambos se lanzarán a la cancha de la codicia sin otra
ley que la de sus deseos. Entre ambos, está la madre
(Thelma Biral), siempre dispuesta para despreciar a la hija
y proteger al hijo.
Inclinada a jugar con la irrupción de seres enigmáticos,
ambivalentes y perturbadores, la dupla Belati-Segade, que
tanto éxito cosechó en los tiempos de "Resistiré,
saca de la galera a un hijo extramatrimonial de López
Armestoy. El muchacho se llama Cristian (Fernán Mirás),
padece una incierta afección mental y es visto por
Lucrecia como un posible aliado. Como parte del plan, ella
le ofrece instalarse en el departamento que comparte con
su marido, pero Cristian contraoferta: sólo irá
con la condición de que también alberguen
a su amiga Nina (Celeste Cid), una chica que es misterio
puro.
Lo mejor de "Ambiciones" reside en la solvencia
del elenco. Entre todas las actuaciones se destacan las
de Susú Pecoraro y Fernán Mirás. Ella
transita con marcada soltura los disímiles estados
de ánimo que atraviesa Lucrecia. Él ha sabido
encontrarle el punto a Cristian, para que el personaje no
resulte un desequilibrado de manual. A la puesta, en cambio,
le falta cierta sobriedad: innecesariamente se subrayan
los climas de suspenso y se insiste con los primeros planos
de Celeste Cid, para marcar lo obvio: Nina es tan seductora
como compleja. Bastaría con que confiaran en que
a veces es cierto aquello de que menos es más; sobre
todo si la historia tiene su miga y los actores, talento.
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