Año XXII
Nº 1509 del 26-11-2005
Publicación semanal de Editorial Perfil

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TODO NO SE PUEDE. Macri afortunado con los votos, desafortunado en el amor. Fernández, desafortunado en la política, consolida su pareja con Vilma Ibarra.
 
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  Corazones en llamas
  La paradójica intimidad amorosa del gran ganador y del gran perdedor de las últimas elecciones. Macri sufre, Alberto Fernández goza.
 
 

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Alberto y Vilma. "¡Te agarraron!", se le rió Kirchner en el teléfono a Alberto Fernández cuando una revista publicó que Vilma Ibarra y él tenían algo más que un armado político para las elecciones en Capital a Jefe de Gobierno. Alberto atajó las gastadas como pudo pero no era necesario disimular con el jefe. Todavía no había terminado el 2003 y alguien los había visto a Alberto y a Vilma tomando un café intenso en Molliere, bar clásico de San Telmo no apto para hombres casados que comparten cafés intensos con mujeres separadas. Ese día se fueron juntos en el Megane azul de él. Podía tratarse de una reunión política. Pero era viernes, era de noche y ahí había amor.
Ella era la chica linda en los tiempos de "la Fede" y el mito de su belleza la siguió por el Partido Comunista y el Frepaso. Los que no quieren a Alberto juran que ya en las sesiones que compartió con Vilma en la Legislatura porteña -ella en su banca de chica progre, y él en su banca de justicialista de Capital que logró un lugar en la lista de Cavallo-, el ahora jefe de Gabinete había muerto por los ojos y la garra de Vilma. Él tuvo que pasar de raso diputado porteño a mano derecha de Kirchner para conquistarla. Ella ya era senadora y juntos planificaron la ayuda que el recién asumido Gobierno nacional le daría a Aníbal Ibarra para ser reelecto en Capital.
Desde entonces fue todo vertiginoso. Encuentros de medianoche en bares como "Concepto Índigo", en Belgrano, y el café restó "Público", de Palermo Soho. Ya separado de su esposa, se mudó de su casa de Callao a otra en Puerto Madero. Allí también tienen su lugar preferido. Cualquiera puede verlos con cara de cansados pero felices en "i" fresh market. Para reuniones privadas, ya sea políticas o de amor, encontraron un departamento en la calle Rivadavia, cerca del Congreso.
Isabel y Mauricio. Dicen que el segundo matrimonio siempre funciona mejor que el primero, porque no se busca como pareja a un contrario sino a alguien afín. Mauricio Macri parece no ser muy fan de las fórmulas de autoayuda: en el `91, al poco tiempo de separarse de Yvonne Bordeu, con quien tuvo sus tres hijos -Agustina, Gimena y Francisco- conoció a Isabel Menditeguy. Se casaron casi en secreto en 1993. Ella, con el tiempo, se fue convirtiendo cada vez más en su antítesis.
Mientras Macri aumentaba su exposición y saltaba de la presidencia de Boca a la carrera política, Isabel se pasaba recluida, estudiando para terminar la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad de San Andrés, primero, y la maestría en Ciencias Históricas de la Universidad Torcuato Di Tella, después. Mientras él se sacaba fotos en cuanto parador había en Punta del Este, ella refunfuñaba. Isabel quería dejar bien enterrada su etapa de modelo de la agencia Elite -aunque no así la obsesión por el cuerpo y las cirugías-, se escondía en Manantiales por fobia a las fotos y soñaba con estar en algún paraje inhóspito del sur argentino.
El propio Macri supo decirle a NOTICIAS: "Ella se casó con un tipo que ni siquiera era presidente de Boca, y era un empresario que tenía una vida privada bastante discreta y corriente y que de pronto se sube a un cohete, todo lo contrario de lo que ella quisiera".
Dicen que el poder seduce y que a las mujeres las erotiza. "El poder es una muestra de virilidad -asegura Goldberg- pero también es cierto que no se puede sostener tanto a una pareja desde el poder. Son hombres que no pueden contener como pretende una mujer". O sea: un poco de poder, está bien. Mucho poder, es un problema. Algo que advertía Isabel cuando trataba de desalentar a Mauricio en su candidatura presidencial. Le decía: "Sos demasiado inocente, las cosas no son como vos creés, te van a destrozar". Pero él siguió. Y su mujer, quizás resignada, decidió ayudarlo, y le organizó reuniones con Torcuato Di Tella para cultivarlo un poquito sobre historia y peronismo (aunque Macri sigue diciendo que no le pidan que cabecee, que no es analista político). Y él siguió. Pero ahora sin ella. Dijimos, no se puede ser exitoso en todo.
¿Amor o poder? A Isabel y Mauricio ya no los verán juntos, destilando glamour. Siempre lindos, siempre correctos, siempre exitosos. Pero con la cuota de misterio necesaria. No. Los admiradores de celebridades se han quedado sin su pareja perfecta. Aunque, quién sabe, haya una nueva reconciliación: la primera fue en el `97, en Europa. Él la reconquistó con ese viaje. Tal vez Mauricio, que ahora está en Barcelona con su hija mayor, Agustina, ya esté pensando en preparar la botellita de champán para recobrar el amor en otro destino pomposo.
A Alberto y Vilma no los verán en fotos, iluminados y luminosos, vestidos de fiesta en una gala a beneficio. No. Ellos son como la segunda parte, veinte años después, de las parejas de militantes universitarios, del chico pensante con la intelectual más linda de aquellos románticos ’70. Algo desaliñados, fanáticos de la política hasta el aburrimiento. Pero con amor. Y por ahora lo festejan, cerveza de por medio, en los bares porteños. l

Por: Luciana Geuna y Fernanda Nicolini | Fotos: cedoc.

   
 
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