Año XXII
Nº 1511 del 10-12-2005
Publicación semanal de Editorial Perfil

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  RAFAEL BIELSA
  El gran papelón como doctrina
  Resignó la embajada de Francia por un taxista. Alberto Fernández, despistado. El factor Beliz.
 

Andrea D’Arza se le notaba en la cara que estaba pasando por una semana difícil. Se subió a un taxi con cara de haber dormido poco y discutido mucho con su marido, Rafael Bielsa. El chofer que la pasó a buscar sabía que ella es la mujer del ex canciller y del que fue primer candidato a diputado del oficialismo por la Capital. Eran más de las doce del miércoles 7. El día anterior, apenas una horas antes de que todos los nuevos diputados asuman sus bancas, Bielsa había anunciado en una Conferencia de Prensa junto a Alberto Fernández, que le cedería su lugar a Claudio Morgado y que él sería el nuevo Embajador en Francia. El taxista, uno más de los más de cuatrocientos mil votantes de Bielsa en las últimas elecciones, no pudo evitar la tentación y descargó la furia por su voto perdido. Andrea escuchó callada el arranque del hombre que dijo sentirse traicionado. "¿No quiere que lo grabe y después se lo muestro a mi marido?", le propuso. Respondió que sí. El taxista se esforzó por hablar fuerte y claro. Y dijo: que él había votado a Bielsa, que había confiado en él y que ahora estaba desilusionado y enojado. Andrea se bajó del auto con el grabador en la mano y salió casi corriendo a mostrárselo al ex canciller. Él sintió que ya era suficiente. Hacía un rato, una mujer embarazada le había enrostrado falta de humanidad: "Sos una mala persona", escuchó.
Mal dormido y arriesgado, estaba atardeciendo el miércoles cuando decidió ir a visitar a Alberto Fernández. Llamó por teléfono, avisó que iría a su despacho y se juntó con él después de las cinco de la tarde. Apenas se vieron le anunció su inmolación política: no se subiría a ningún avión que lo deje en las poéticas calles de París. Él, que ya no era Canciller, que llevaba dos días como ex diputado electo, tampoco sería Embajador. El ofrecimiento le había traído problemas en la casa, problemas en la calle y problemas con su moral. Bielsa le dijo al jefe de Gabinete que quería recuperar la felicidad y la banca en el Congreso. Se lo notaba turbado y convincente, pero eso no fue suficiente para Fernández, que hasta seis minutos antes del comienzo de la conferencia de prensa de Bielsa, se dedicó a llamar a periodistas desmintiendo la verdad.
Los planes. En palabras diplomáticas, el jefe de Gabinete le dijo que no compartía su análisis, pero que lo comprendía. No imaginó que mientras conversaban, amigos del ex Canciller ya habían reservado una sala de prensa en el Sheraton Park Tower para que él diera, apenas acompañado por su mujer, una tensa conferencia anunciando su renuncia. Kirchner supo de "los vaivenes propios de un individuo que se cuestiona moralmente" –así justificó Bielsa su decisión- pero prefirió no escucharlo. "Me voy a reunir con el Presidente en el mismo instante en que me llame", dijo en el Sheraton y reconoció que le dejó una carta a su nombre en el despacho de Fernández. Un día después, su teléfono no había sonado pero kirchneristas fanáticos como Osvaldo Nemirovsci, Luis D’Elía y Miguel Angel Pichetto salieron a defenestrarlo en los medios.
La noche del miércoles, los gestos de Bielsa mostraron que le costaría salir de esta depresión. Después de las elecciones, su destino se había convertido en una ruleta en movimiento. Un diputado de llegada directa al despacho de Alberto Fernández dijo a NOTICIAS que desde el 23 de octubre, le habían anunciado a Bielsa que no se sentaría sobre su banca en Diputados. No fue a ninguna de las reuniones que Agustín Rossi, el flamante jefe de bloque organizó para los nuevos diputados y no hizo nada para pelear cargos en las comisiones. Aunque él mismo y su entorno se encarguen de negarlo, el ex canciller esperaba en su casa el llamado que le confirme su pase al Ministerio de Justicia o a la Corte Suprema. En el Gobierno no pensaron lo mismo. La campaña y el período post electoral terminaron de convencer al Presidente que Bielsa podría convertise en un nuevo Beliz, que huiría de la función pública con denuncias y a los gritos. Había antecedentes. El sábado 26 de noviembre, Bielsa bajó del avión que lo traía de su viaje a China, llegó a su casa, se vistió con ropa fresca e informal y decidió salir con su mujer a cenar a Puerto Madero. Cualquier funcionario K conoce el rigor del Presidente con los que no cumplen la orden de ser cautos con la prensa. Esa noche Kirchner se lo recordó a Bielsa. En el medio de la comida, lo llamó al celular cuestionándole algunas declaraciones en off sobre la posible renuncia de Roberto Lavagna. En ese momento, el todavía Canciller perdió la diplomacia. Gritó mientras pudo que no aguantaba más tanta presión y colgó el celular. Cinco días después, el jueves 1º, tras la asunción de los nuevos ministros, Kirchner lo citó en su despacho y le ofreció la Embajada de Francia.

 

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