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Uno que seguro no tendrá el dilema de qué hacer
con su prestigio es Alberto Fernández. El jefe de Gabinete
se llevó dos premios que no lo son tanto: lo votaron como
peor funcionario y político más antipático.
Fernández ya había ganado este último premio
en el 2004 y se quejó, parece que no coincide con la opinión
del jurado y se considera un hombre amable. "El problema
es que hace el trabajo sucio de este Gobierno, es el (Carlos)
Corach de Kirchner", explica uno de los votantes. Es cierto:
el jefe de Gabinete fogoneó el pase de Borocotó
que terminó en escándalo. Se conocían de
sus épocas de cavallistas y comparten el amor por Argentinos
Juniors. Suficiente para que Fernández llevase al pediatra
al despacho de Kirchner para sacarse una de las fotos más
caras de la política nacional. El Presidente ganó
un voto en el Congreso pero es probable que haya perdido muchos
en urnas del futuro. Un pésimo negocio. Lo mismo que las
elecciones en la Capital Federal, detrás de las cuales
también estuvo el jefe de Gabinete. Igual, Kirchner no
es un presidente atento a las formas y él mismo cosechó
un par de votos como el más antipático. Fernández
-una polea central en el mecanismo de poder de la actual administración-
parece consolidado en su cargo. Corach, por caso, salió
como el político más antipático entre 1997
y 1999, los años que lo consolidaron como el hombre fuerte
del gobierno de Menem. Hay veces que el poder se paga con antipatía.
Disparate. En cuanto al proyecto más disparatado, el ganador
resultó la iniciativa de construir un gasoducto entre Venezuela
y la Argentina, anunciada durante la tórrida reunión
que Kirchner y Hugo Chávez mantuvieron en Venezuela en
noviembre de este año. En aquel encuentro también
se negoció que Chávez comprará títulos
de deuda argentina, una especie de seguro financiero que adquirió
sentido a las pocas semanas, cuando Kirchner anunció que
cancelaría la deuda con el FMI con las reservas del Banco
Central. La plata de Venezuela servirá de bálsamo
en el caso de que la Argentina entre en dificultades luego de
deshacerse del escudo de las reservas. Lo curioso es que el proyecto
más disparatado del 2004 fueron las frustradas inversiones
de 20 mil millones de dólares que China realizaría
en la Argentina, un proyecto que también involucraba la
cancelación de deuda: aquel aporte, se difundió
entonces, comprometía dinero fresco para pagar las obligaciones
con el FMI. Al final, China nunca puso nada, pero Kirchner igual
pagará todo lo que debía. China o Venezuela, la
obsesión del Presidente era una, cancelar la deuda, y este
fue el año en que logró concretarla.
Para Joaquín Morales Solá (quien forma parte del
jurado), en cambio, no hay grandes novedades. El analista político
de La Nación se ha convertido en un clásico: por
cuarto año consecutivo resultó el mejor periodista.
Lo siguen Jorge Lanata y Marcelo Longobardi, dos periodistas que,
al igual que Morales Solá, son críticos con el Gobierno.
En cuestiones de prensa, la independencia garantiza prestigio.
Mientras que en el 2002 y en el 2004 Morales Solá compartió
la distinción con Nelson Castro, esta vez reina en soledad.
Otro que está solo es Eduardo Feinmann, la contracara de
Morales Solá: fue elegido como el peor periodista del 2005.
Feinmann también repite el puesto que obtuvo en el 2004,
cuando reemplazó a su jefe Daniel Hadad, en el reinado
de los menos queridos. A Hadad lo votaron como peor periodista
en 1995, 1996, 1999, 2000 y 2002. Fueron los años de su
consolidación como empresario.
En los negocios también hay continuidades: Luis Pagani,
presidente de Arcor retiene el título de mejor empresario
que había conquistado en el 2002 y revalidado en el 2004.
Su empresa fabrica golosinas que vende en 120 países y
factura U$S 1.300 millones anuales. Todo un récord. Otro
que aspira al récord es Enrique "Pepe" Albistur.
Uno de los encuestados -que es muy ingenioso pero pidió
mantenerse en el anonimato- lo votó como peor funcionario
y como mejor empresario. Su interpretación es que el secretario
de Medios resulta más efectivo cuando resguarda los intereses
de su empresa que cuando intenta lo mismo con los del Estado.
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Por: Nicolás Cassese | Fotos: Presidencia de
la Nación y Cedoc.
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