| Hace unos meses, ella
y sus atributos llegaron para sacudir la modorra de la medianoche.
Argumentando eso del poder hipnótico de los programas tontos
de la tevé, una nutrida audiencia de señores empezó
a estirar la vigilia, encantados por los jueguitos telefónicos
y el escote de Carla Conte. Pronto le tocó a los púberes
celebrar cada módico triunfo de su "Feliz Domingo"
haciéndola saltar dentro de su remerita de lycra. El estrellato
estaba cerca.
A la chica, que ya comió con Mirtha Legrand y debuta en
una comedia teatral, no le simpatiza la idea de un triunfo apadrinado
por sus dos genuinas -y naturales, dice- razones que, a contrapelo
de la evidencia, todavía tienen para ella menos status
que una mente brillante. Pero natura le dio esa dote invalorable
en esta etapa de la cultura occidental en la que las delanteras
hundidas con Anita Ekberg en la Fontana de Trevi resurgen con
bríos.
Hubo una vez dos muchachas pechugonas que hacían sonar
el despertador sexual de los argentinos. Pero Libertad Leblanc
e Isabel Sarli (hoy serían la rubia y la morocha disputadas
por las tapas de Caras y Gente) le cedieron terreno a una flacura
andrógina que apenas salteó alguna modelo exótica
como Carolina Peleritti.
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Noticias.
Por: Alejandra Daiha | Fotos: Cedoc. |