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Noticias: Dicen que
es muy exigente, ¿mete la nariz en todo?
Jean Pierre Thibaud: Meto la nariz en todo, ¡porque me divierte!.
Diversión es la palabra que más menciona y que mejor
le calza. Por eso a los 80 años aparenta 20 menos, la piel
lisa como una manzana, los pasos ágiles, la risa fácil.
Su concepto de “diversión” no contempla el
desborde ni la pereza: arraiga en un entusiasmo perpetuo, mezcla
potente de vitalidad y pasión. A la hora de sentarse en
la mecedora, este ingeniero civil que fue ejecutivo del Banco
Mundial, el Banco Francés, Acindar, Loma Negra y Chandon
cumplió el sueño de tener una bodega propia: “Ruca
Malén” (“la casa de la joven”, en lengua
mapuche).
“Siempre le digo a mis nietos: déjense llevar por
la ola”, explica en su piso de Belgrano, entre muebles sólidos
y una banqueta-reliquia que en el siglo 18 fue cucha para perros
(“Es una herencia de mi mujer, Adeline. Nos conocimos en
París y tuvimos 4 hijos. Falleció en un accidente
de auto”). Un retrato de su abuelo materno, Serge Basset
-crítico de teatro del diario Le Figaro, y el primer corresponsal
muerto en la guerra del 14- lo remite a su familia, oriunda por
ambas ramas de Grenoble, en los Alpes franceses. “En la
paterna eran hoteleros, pero papá vino a la Argentina con
un negocio de perfumes y fue muy exitoso. Después fue vicepresidente
del Banco Francés”.
En un año de exportación récord de vinos
argentinos, Thibaud está satisfecho: su bodega abrió
el mercado más importante, el americano. “Encontramos
en Inglaterra un representante muy encumbrado, Corney & Barrow,
que promueve a Petrus (el célebre vino del Pomerol) y a
La Romaneé-Conti, el mejor tinto de Borgoña. En
Inglaterra es donde hay que cobrar prestigio. Cuando Londres -no
Francia ni los americanos- dice ‘este vino es bueno’,
el mundo lo acata. Eso nos permitió entrar en los Estados
Unidos, donde una gota de agua es un mundo.”
Noticias: ¿Usted viaja en busca de mercados?
Thibaud: Mi hijo Antoine, que es ingeniero electrónico,
tiene su empresa de software pero un día me acompañó
a Mendoza y se prendió, va a los Estados Unidos, Canadá
y América Latina. Yo me reservo Francia, Holanda, Bélgica,
los países escandinavos e Inglaterra.
Noticias: ¿Sigue dando charlas y degustaciones por el país?
Thibaud: Doy charlas en eventos de 80 a 100 personas, pero más
frecuentemente en enotecas y para la capacitación de mozos.
Noticias: ¿Qué motiva a un hombre de su edad, que
ha sido exitoso, poderoso y tiene un buen pasar económico,
a seguir en la trinchera?
Thibaud: Lo mejor es seguir trabajando. Mientras pueda, lo haré.
Noticias: ¿No lo tienta una hamaca paraguaya en las Bahamas?
Thibaud: No, no.
Noticias: ¿Cuáles son los secretos de una buena
vida?
Thibaud: Trabajar. Yo trabajo sábados y domingos inclusive.
Es algo desequilibrado, no me admiro por hacerlo. Mis hijos y
mis 13 nietos me adoran, debería dedicarle más tiempo.
Después de ser Secretario de Energía, en el ’70,
mi mujer me exigió que estuviera tres meses sin trabajar.
Al segundo mes me decía: “Andá a trabajar,
porque no te soporto más” (risas).
Noticias: ¿Un par de copas de vino por día alargan
la vida?
Thibaud: Yo soy atípico: no tomé vino hasta los
66 años, cuando fui presidente de Chandon. Estaba convencido
de que me pateaba el hígado.
Noticias: ¿Lamenta el disfrute que se perdió?
Thibaud: Bueno, ¡estoy recuperando el tiempo perdido!
Noticias: Sin saber de vinos, multiplicó por nueve la venta
de vinos Chandon, ¿fue instinto o sentido común?
Thibaud: No sabía na-da de nada. Lo más importante
en un trabajo es aprender la jerga: hablaban, por ejemplo, de
un vino redondo o un vino largo o corto. No sabía qué
era el marketing, fundamental para imponer la marca. El cemento
o el acero son commodities, cuestión de precios y nada
más.
Noticias: ¿Cómo reaccionó a la propuesta
de Chandon?
Thibaud: Ah, con entusiasmo. Mi cuñado, sobrino del presidente
de Möet Chandon y creador de la filial argentina, falleció
en un mes, de cáncer. Me llamaron desesperados, yo acababa
de salir de Loma Negra. Toda la vida cambié de un metier
a otro distinto. Empecé como ingeniero en Francia, en un
laboratorio de hidráulica. Me mandaron a Colombia y, de
repente, me ofrecieron entrar en el Banco Mundial; estuve allí
del 57 al 61.
Noticias: ¿Y qué hacía un ingeniero civil
en el Banco Mundial?
Thibaud: Evaluaba la factibilidad de proyectos de inversión
en Japón, la India, Etiopía, Costa Rica, una cantidad
de países, y luego vigilaba cómo andaba la empresa.
Más tarde estuve 25 años en el Banco Francés.
También por azar, el doctor Roberto Alemann me hizo ingresar
como asesor en su gabinete en 1960. Y el ingeniero Arturo Acevedo,
ministro de Obras Públicas, me hizo entrar en Acindar,
donde estuve 23 años.
Noticias: ¿Disfrutó esa etapa como funcionario estatal?
Thibaud: Yo entiendo a los que se vuelven locos por la política,
pero no la que implica acumular poder. Luego fui Subsecretario
de Minería y Combustible, un puesto técnico, y me
divertí como loco cuatro años. Me tocó reformar
la Ley de Hidrocarburos, hicimos el Chocón. El poder bien
entendido permite hacer muchas cosas.
Noticias: ¿Tienen algo en común el negocio del acero,
el del cemento y el del vino?
Thibaud: La gestión. Lo más importante y difícil
es conocer al personal, motivarlo para que trabaje en equipo.
Yo no quiero que trabajen bajo mi látigo, los quiero entusiasmados,
participando.
Noticias: ¿Cómo es ser el número dos de alguien
tan determinado y protagónico como Amalita?
Thibaud: Es una mujer muy atípica, me saco el sombrero
por su extraordinaria visión a largo plazo. Cuando entré
a Loma Negra como director general, Martínez de Hoz acababa
de asumir y la empresa andaba de maravillas. Ella me llamó
y me dijo: “Las cosas tienen mal olor, pagá las deudas
y aguantemos”. Me cuadré, hice lo que me dijo y tenía
razón: a los dos años cae el ministro, luego los
militares, llega Alfonsín, la debacle del ’80 y el
consumo de cemento bajó y bajó.
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