Desde fines del siglo
XIX hasta la Segunda Guerra (y aun después) los grandes
hoteles internacionales practicaron, en su mayoría, un
estilo de cocina fundado por el francés Auguste Escoffier
(1846-1935), que difundió la cocina francesa, no la regional,
sino la gourmet construida sobre fórmulas de la francesa.
La misma tuvo su apogeo en hoteles como el Ritz en París,
el Savoy o el Carlton en Londres, el Grand Hôtel en Roma
y otros más, cuyos menúes y modalidades culinarias
fueron creadas por él. Los porteños conocimos algo
parecido a esta cocina durante muchos años llamada "cocina
internacional" por varios restaurantes.
Pero como el mundo avanza y las costumbres cambian, ya en los
60 se instaló entre nosotros la revolución de la
"nouvelle cuisine" francesa, que también se generalizó
llegando también a "nuevas cocinas" españolas,
italianas, alemanas, norteamericanas y argentinas, con Dumas a
la cabeza. Esto afectó también a las cocinas de
hotel que se fueron personalizando, unas por obra de sus cocineros,
otras por adaptación turística (que siempre busca
el "color local"). Si bien existió en todo este
tiempo una cierta generalización estilística, que
varió con las modas, nunca llegó a constituirse
en una "cocina internacional". Creo que ello redundó
en beneficio de los comensales, que contaron con diversas alternativas.
Buenos Aires participó de este fenómeno, con diverso
éxito, reforzado por la llegada de grandes cadenas internacionales.
Entre ellos se destaca "Four Seasons", en especial por
la presencia durante varios años de Ashley James, un muy
buen cocinero inglés, con gran creatividad y capacidad
de realización. Sus platos sorprendieron y deslumbraron
a los comensales de "Galani" y "Le Mistral".
Pero el destino hotelero lo llevó hacia otros horizontes.
Ocupó su lugar Matthias Zumstein (32), cocinero suizo,
quien ya estuvo en la Argentina (en Córdoba, del 1999 al
2001) y se formó en lugares tan prestigiosos como el "Albergo
Giardino" y el restaurante "Stucki" en Suiza y
luego en los Estados Unidos y Canadá.
El depurado estilo de Zumstein es distinto al de James, más
tradicional, con combinaciones menos audaces, más clásico
sin por ello renunciar a la presencia de platos étnicos
como la sopa griega avgolemono, bastela marroquí de codorniz,
lenguado estilo andaluz. Ni a creaciones que lo definen como los
ravioles de calabaza, mollejas rostizadas y reducción de
vino tinto; medallón de lomo con costra de tomates, vegetales
grillados y ñoquis de rúcula, risotto de gorgonzola
con manzanas y portobellos, ragú de conejo con morillas,
papines y jugo de hierbas, ravioles de pato con calabaza asada
y ensalada de rúcula. Los atractivos acompañamientos
de la parrilla, ragñu de hongos y vino Malbec, batatas
fritas con comino, etcétera. O sea una cocina más
clásica, sabrosa, de muy buena calidad y preparación
impecable.
Los dulces del menú, ahora a cargo del pastelero Santiago
Marafuschi (29), continúan con su tradición de calidad,
como la trilogía de chocolate sobre marquise de cacao,
una verdadera apología del chocolate; crème brulée
de almendras con peras caramelizadas y granita de vino cosecha
tardía, y otras propuestas de muy buena factura. El restaurante
goza de una nueva decoración, colorida y original, y el
servicio se distingue por su eficacia. Asimismo, al mediodía
hay un menú especial, con platos nuevos todos los días.
Los cambios, pues, presentan una oferta diferente pero igualmente
satisfactoria. l
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