Año XXII
Nº 1515 del 7-01-2006
Publicación semanal de Editorial Perfil

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  Física
  La fórmula más ardiente
  Un modelo matemático describe las redes de contactos íntimos. El factor de "selectividad" para elegir amante y el misterio de los dos sexos.
 
 

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Así, en la nueva fórmula, la velocidad o energía de un agente móvil se incrementa en función de la riqueza de su historial de contactos sexuales, lo que, a su vez, aumenta la probabilidad de nuevos encuentros ardientes.
Pero los investigadores tomaron una sabia precaución: introdujeron un "factor de selectividad" que muestra la probabilidad de que un contacto no termine en sexo. La escala va del cero al uno. Las personas que no dejan títere con cabeza tendrían selectividad nula (cero), mientras que los más castos tendrían el valor de uno.
González comenta que "los datos empíricos reales tanto para redes heterosexuales como homosexuales corresponden a un valor aproximado de 0,9", lo que significa que, en promedio, una persona debería interactuar con diez personas (del sexo opuesto o del mismo sexo en el caso de los gays) antes de terminar con una de ellas en la cama. De todas formas, es probable que esas encuestas "reales" se hayan realizado en grupos que transitaban fases promiscuas de sus vidas, al punto que hay escasa representación en las muestras de parejas fieles cuyos miembros no tienen amantes, explica González.
Iluminados. La formulación de modelos matemáticos permite iluminar otros aspectos curiosos de la sexualidad. En su libro "Mathematics and Sex", Clio Creswell, profesora de Matemáticas en la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, se pregunta por qué existen sólo dos sexos y no tres, cuatro o más, lo que podría facilitar los encuentros heterosexuales. Los argumentos de Creswell suenan inapelables: con dos sexos, uno tiene la mitad de la población del planeta para buscar pareja. Pero si hubiera tres sexos, la "oferta" se ampliaría a las dos terceras partes de la población. Y con cuatro sexos, se podría elegir a tres de cada cuatro personas. Mayor variedad genética para combinar.
Sin embargo, revela Creswell, las ecuaciones que recrean la dinámica de poblaciones demuestran que si un tercer sexo "invadiera" a los dos existentes, lo más probable es que terminaría reemplazando a alguno de ellos para restablecer el juego de dos. "Así lo muestran las matemáticas", asegura. Y habrá que creerle.
Otros científicos, por su parte, recurrieron a los números con el objeto de explicar por qué para procrear se necesitan dos personas de distinto sexo y no tres: por ejemplo, dos varones y una mujer, o viceversa. En teoría, si el ménage-à-trois o el "sexo triploide" fuera la norma reproductiva, sería más difícil que una mutación genética X se expresara en la descendencia, porque se podría diluir mejor con los paquetes de ADN heredados de los otros dos padres.
Pero la naturaleza tiene buenas razones para adoptar hábitos sexuales más "conservadores". Un grupo de físicos brasileños del Instituto de Física de la Universidad Federal Fluminense, en Río de Janeiro, aplicó un modelo matemático para demostrar que las ventajas evolutivas de transmitir a la progenie menos genes mutados, se desvanecerían frente al esfuerzo de tener que reclutar tres individuos para consumar cada acto sexual. Ninguna especie podría resistir esa exigencia en el largo plazo, dictaminaron los números, implacables.
La nueva fórmula que viene de Alemania suma elementos para interpretar las redes de contactos sexuales y puede aplicarse para estudiar la propagación de enfermedades infecciosas. "Modelar un sistema donde la distribución de parejas asemeje la distribución observada en la realidad ha sido sin duda un gran reto para nosotros", asegura González, satisfecha. Como en el sexo, a veces lo que más cuesta es lo que más se disfruta. l

Por: Matías Loewy | Fotos: gentileza Marta González y Cedoc.

   
 
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