El "Hotel Aconcagua"
comenzó a construirse en 1977 como un edificio de departamentos,
pero se convirtió en hotel ante la realización del
Mundial de Fútbol del 78, inaugurándose en abril
de ese mismo año. En su momento fue el edificio más
alto de la ciudad y con mayor tecnología. En los últimos
años se modernizó y renovó gran parte de
su estructura, por ejemplo el restaurante estaba en el primer
piso y ahora es "Los Parrales", con doble entrada: una
sobre la calle 25 de Mayo y otra desde el lobby del hotel, cruzando
un refrescante jardín.
Su ambientación responde a un estilo rural cuyano, paredes
blancas, muebles de madera clara, muy luminoso, con un cómodo
y acogedor living, una parrilla incorporada al salón, bien
aislada y ventilada. Y una pequeña parra bajo la cual se
puede comer. Una cocina cuya "declaración de principios"
afirma: "El concepto de nuestro restaurante consiste en realizar
nuestros sabores cuyanos y la fusión de ingredientes típicos
de nuestra región respetando el sabor y frescura de cada
uno". La carta cambia con cada estación y tiende a
ser temática. El joven cocinero Nicolás Bedorrou
(28), nacido en Comodoro Rivadavia, con juvenil vocación
culinaria, estudió en Mendoza (Escuela Islas Malvinas)
y con Mausi Sebess en Buenos Aires, y luego trabajó en
diversos restaurantes de Villa La Angostura, Las Leñas
y la ciudad de Mendoza, hasta tomar la jefatura del presente.
Sus ideas quedan reflejadas en la declaración arriba transcripta,
y en la utilización de todo tipo de técnica de cocción.
A las que define, simbólicamente, como "barro, humo,
agua, fuego, hierro", buscando aquella más adecuada
para cada producto y combinando a éstos con habilidad.
Su carta de verano está dedicada a la cocina regional argentina,
como las entradas: mollejas con crujiente de quinoa y reducción
de chicha (NOA), escabeche de hongos en corral de hojaldre (Patagonia),
"gala de achuras" (Pampa), mesclún de verdes,
tomates secos, champiñones y queso (Cuyo), ensalada de
hojas frescas, chips de mandioca y chipacitos (Litoral). El esquema
se repite en los platos principales: sorrentinos de cordero (Patagonia),
pescado de río con mandioca frita y confit de cebolla (Litoral),
"sal de ahí" (expresión cuyana para espantar
al chivo, o sea chivito confitado con hierbas acompañado
por batatas y chips de queso de cabra). Por último, entre
los postres: "Dulce Mendoza" (crema helada de calabaza
en almíbar y peritas al vino), "Deconstrucción"
(sofisticada reelaboración del conocido alfajor marplatense),
parfait de cayote y nuez (NOA), entre otros.
La oferta se completa con un menú para niños, un
"ejecutivo" al mediodía, algunos platos clásicos
(ensalada César, ravioles de ricota y nuez); una tradicional
parrilla con un buen parrillero y acompañamientos como
papas con cebollín al plomo, al romero y vegetales grillados.
El estilo de Bedorrou es una visión de la cocina clásica
aplicada a productos regionales, con combinaciones modernas y
nombres a la moda. Las preparaciones son cuidadosas y ricas y,
como en el chivito, bien logradas. Es digno destacar que en los
últimos tiempos la gastronomía mendocina tuvo un
desarrollo renovador, que está despertando muy buenas expectativas.
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