Año XXII
Nº 1518 del 27-01-2006
Publicación semanal de Editorial Perfil

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IMPECABLE espectáculo, mezcla de circo, varieté y music-hall.
 
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  TEATRO
  Una forma de la felicidad
  "Sanos y salvos", un espectáculo de Gerardo Hochman con la Compañía La Arena. Música: Omar Gianmarco. Luces: Gonzalo Córdova. Escenografía: Duilio della Pittima. Vestuario: Laura Molina. Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131.
 
 

* * * *
En lo alto de la prodigiosa escalera diseñada por Clorindo Testa, el enorme ámbito de la Ciudad Konex es surcado sin cesar por ráfagas de vitalidad, de alegría, de puro disfrute, siguiendo el desplazamiento de los cuerpos en el espacio. Cuerpos jóvenes, ágiles, inmunes a la ley de gravedad, o al cansancio. El espacio, ese continuo que nos envuelve y nos condiciona, es el verdadero protagonista de este bello espectáculo, mezcla de circo, varieté, music-hall y hasta algo de teatro, si cabe.
Imposible reseñar lo que ocurre allí, porque pasa de todo y a una velocidad vertiginosa, sin pausa. De pronto los intérpretes están volando, de pronto se quedan inmóviles (un segundo, apenas), tirados en la enorme pista, para al instante siguiente estar enroscados en lo alto de un poste. Corren, saltan, se cruzan y entrecruzan en el aire con exactitud pasmosa; o bailan, hacen saltos mortales, giran locamente sin pisar el suelo, surgen de trampas o se hunden en ellas. Y un pájaro loco, un personaje extravagante y muy divertido, por completo surrealista, entra y sale de jaulas improbables, aletea y grazna en torno de la pista, persigue algo que está más allá de él y de los espectadores.
Porque hay un trasfondo poético en este vaivén incesante, subrayado por la música sugestiva. Una poderosa energía emana de tanto y tan veloz movimiento, que parece espontáneo y que, sin duda, ha sido orquestado y disciplinado con rigor minucioso: energía que deriva hacia el público, receptor entusiasta y asombrado de esta forma de la felicidad. Ya Gerardo Hochman y sus huestes han dado pruebas, muchas veces, de su inspiración, su preparación física y su capacidad para crear una atmósfera en la que los cuerpos superan la pura destreza y abren perspectivas hacia otras formas de expresión. Bastaría, como muestra, el tango (a la manera de Piazzolla) bailado en la cuerda floja por un intérprete cuya destreza y concentración son no sólo admirables sino, simplemente, increíbles. l

   
 

Por Ernesto Schoo | Fotos: Eduardo Giménez

 

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