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Al cumplirse el décimo aniversario de la Revolución
de Octubre, el gobierno le sugiere a Eisenstein la necesidad de
un film que sea el registro puntual de lo ocurrido entre febrero
y octubre de 1917. El director de “El acorazado Potemkin”
puso manos a la obra y, fiel al mandato del Partido, llevó
a cabo una empresa coral. Como en sus experiencias anteriores,
contó con la iluminación del admirable Eduard Tissé.
La producción, con ribetes de epopeya, es un prodigio de
montaje y crescendo dramático. Su lectura política
dio pie a más de un conflicto. En la versión original,
Trotsky aparece como un mero agitador y ni se lo nombra. La aparición
de Lenin también es conflictiva. Debido a presiones en
ciertas esferas del poder, el film vio demorado su estreno hasta
1928 y entonces se dio a conocer con algunos cortes. Eisenstein,
en apariencia obedecía los dictados del comunismo, pero
tenía su manera de narrar la historia. El genio siempre
trae inconvenientes.
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