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Llega cargado de premios y controversias. No es para menos: se
trata de la primera historia de cowboys en clave gay. En Venecia
obtuvo el premio mayor y es seguro candidato a alzarse con unos
cuantos Oscar. Sobre un relato corto de la ganadora del Pulitzer
Annie Proulx, el taiwanés Ang Lee dibuja un relato tan
áspero y bravo como el contexto en el que se desarrolla.
Una mañana de 1963, Ennis Del Mar y Jack Twist se topan
por primera vez en Signal, Wyoming. Los dos han acudido al rancho
de Joe Aguirre, tipo de pocas pulgas, en procura de trabajo. Lo
consiguen pero no va a ser poca tarea. Durante meses, al descampado,
con la sola protección de una carpa y alimentos que apenas
alcanzan, deberán cuidar ovejas en las soledades de Brokeback
Montain. Soportarán heladas y tormentas. De a poco se van
acercando hasta que intiman más de la cuenta. Jack toma
el asunto con naturalidad. Para Ennis es un escándalo,
algo que no puede volver a repetirse. Pero se repite hasta que
el contrato termina y se separan. Los dos se casan y tienen hijos.
Pasan cuatro años sin verse hasta que una postal enviada
por Jack los junta de nuevo. De ahí en adelante y por 20
años mantendrán encuentros furtivos, no dejarán
de quererse. Mentirán a sus respectivas familias, dirán
que se van de pesca. Fantasearán en cada encuentro con
un futuro sin trabas donde puedan vivir esa relación libremente.
Esas cosas no resultan nada fácil en el Oeste, donde los
hombres son de una pieza. La película, dura, intensa, apunta
a subrayar esa homofobia que acaba arruinándoles la vida
y dejándoles apenas un puñado de recuerdos de momentos
de rara intensidad. Para ver.
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