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Al cumplirse el primer siglo del nacimiento de Norah Lange,
al fin es posible leer sin intermediarios los primeros seis
libros de una pelirroja de mirada frontal, inquietud incesante,
Beatriz inalcanzable de Borges y mujer del gran Oliverio
Girondo. En el prólogo, Sylvia Molloy traza los contornos
de una guerra masculino/femenina un poco recalentada. Un
"salvamento" de la autora de las garras varoniles
que supuestamente la empequeñecieron. Basta leer
sus libros para que ese achicamiento de su estatura salte
hecho pedazos. A tal punto que cualquier supuesto "canon"
de la así llamada "escritura argentina femenina"
que incluya a Silvina Ocampo y no a Norah Lange suena, una
vez leído este compacto volumen, un poco tonto y
digitado.
El volumen incluye tres libros de poemas y tres libros de
prosa. El primer libro poético, "La calle de
la tarde", publicado a los 20 años, es el mejor.
Recorre zonas del paisaje y la sensibilidad que también
atrajeron a Borges, pero eso parece depender más
de una sensibilidad visual proyectada por los barrios y
el clima de una época que a una influencia directa.
En "Los días y las noches" y "El rumbo
de la rosa" su poesía se normaliza, en el peor
sentido de la palabra: se vuelve rutinariamente "poética".
La prosa es impactante. Los dos primeros libros, la novela
epistolar "Voz de la vida" y "45 días
y 30 marineros" no pueden ser más distintos.
El primero narra un triángulo evanescente, muy probablemente
basado en el interés que tenía Borges en ella,
y ella en Girondo. El segundo usa con flexibilidad y elegancia
las metáforas geométricas y las palabras esdrújulas
de la vanguardia de la época. En ambas el lector
tiene que hacer ajustes de época en el lenguaje.
"Cuadernos de infancia", en cambio, no tiene,
hoy, casi ni una palabra fuera de lugar. Registra en textos
de entre dos y cuatro carillas la infancia en Mendoza primero,
y, después de la muerte del padre, en la calle Tronador
de Buenos Aires. Esa infancia es vista, vivida y transmitida
como a un tiempo tierna y cruel, suave y áspera,
con la muerte y el miedo metiéndose en todos los
rincones.
Por el modo lúcido en que capta no sólo a
sus familiares, animales y vecinos, sino al paso del tiempo
y los desgarros, Lange se instala con tranquilidad en el
plano clásico. Aquel que habitan Katherine Mansfield,
Mark Twin, Emily Brönte, Truman Capote y Edith Wharton.
Y aún queda todo un segundo tomo (aún inédito)
por conocer. l
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