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El programa de mano informa que Alan Ball es el guionista
del celebrado film "Belleza americana" y de la
no menos excelente serie televisiva "Six Feet Under".
Difícil de creer, después de ver a estas "Cinco
mujeres con el mismo vestido".
En este caso, la coincidencia indumentaria no provoca, como
lo haría en la vida real, la comprensible rabieta
femenina: se trata de las "bridesmaids", o damas
de honor, de una novia, en un casamiento que se presume
lujoso, si no elegante. Consumada la ceremonia, las cinco
se reúnen -para sacarse los zapatos, retocarse el
maquillaje y chismorrear a gusto- en el dormitorio de la
hermana de la novia, cuyo ventanal, sobre el jardín
donde se está desarrollando el baile, les proporciona
una atalaya privilegiada para criticar a todo el mundo y
acordarse de cosas que convendría olvidar.
La reunión le permite al autor pintar cinco diferentes
caracteres femeninos. Marilú, la hermana de la novia,
es la adolescente rebelde de la familia; Mili, la hermana
del novio, es una lesbiana notoria, acaso la más
inteligente del grupo; hay una divorciada, Georgina, que
llora sin cesar su amor perdido; una promiscua desaforada,
Trina, y una santurrona, Francis, que todavía cree
en la virginidad. En la primera parte, hasta el apagón,
es una comedia costumbrista bastante divertida, con uno
que otro chiste oportuno. Lo que viene después, es
desconcertante: como si Ball se hubiera sentido perplejo,
sin saber qué hacer con sus personajes y enredándolos
entonces en un laberinto de objetivos dispersos, sin ton
ni son. Pasa de todo y no pasa nada, incluyendo la aparición
de un galán que podría, tal vez, enderezar
la vida de Trina.
La experiencia y el sentido del humor de Norma Aleandro
procuran dar cierta coherencia a este despropósito,
concentrándose en el pulido de cada tipo de mujer.
Hay buenas interpretaciones de Florencia Raggi como Mili,
Valeria Lorca como Francis y Verónica Pelaccini como
Marilú. Romina Gaetani sobreactúa con tal
virtuosismo que se gana la fervorosa adhesión del
público, encantado de reencontrarse en el escenario
con sus estrellas de televisión. Claudio Tolcachir
afronta con sobriedad un papel que no añade nada
a su brillante trayectoria. El vestuario de Schussheim tiene
la dosis de humor justificativa del desdén que las
cinco mujeres sienten hacia la "toilette" que
deben compartir. l
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