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No caben dudas de que Carlos Santana es un gran artista.
Guitarrista emblemático en los primeros años
del rock, figura importante de aquel glorioso recital que
fue Woodstock, virtuoso de su instrumento, músico
capaz de mezclar el naciente género sajón
con los sonidos latinos, había tenido, sin embargo,
un recorrido algo errático en la última década.
Seducido por el marketing y el pop, se había alejado
de su fuente más inspirada y había cedido
a la canción pegadiza. Desde el punto de vista comercial
no le fue nada mal; a partir de ese viraje -expresado en
discos como "Supernatural", "Shamán"
o el más reciente "All That I Am"- las
ventas de sus álbumes aumentaron y empezó
a ser muy bien considerado por la industria a la hora de
los premios. Al mismo tiempo, buena parte de la crítica
y de sus viejos fans expresaban la decepción.
Santana llegó por tercera vez a Buenos Aires para
tocar en el Campo Argentino de Polo y, pese a todos los
pronósticos, mostró su mejor cara. La madurez
de su guitarra quedó plenamente expresada en este
concierto. Se puso al frente de una banda numerosa, con
fuerte presencia de lo rítmico y con lugares destacados
para sus percusionistas Karl Perazzo, Raul Reckow y, sobre
todo, el genial baterista Dennis Chambers. Se lucieron también
el pianista Chester Thompson y el trombonista Jeffery Cressman.
Y el punto más flaco de su grupo estuvo en el histriónico
aunque estereotipado -su emulación de Ricky Martin
es casi llamativa- cantante Andrew Vargas.
Para su regreso a la Argentina -donde Santana sigue teniendo
una importante cantidad de seguidores- armó una lista
de temas con muchísimos clásicos de su carrera;
arrancó con el legendario "Soul Sacrifice"
y sumó "Batuka", "No One to Depend
On", "Evil Ways", "Black Magic Woman",
"Gipsy Queen" y los muy populares "Oye como
va" y "Samba pa’ ti". Hizo un homenaje
a Bob Marley -cuyo rostro lucía, además, en
su colorida camisa- con "Exodus" y a Jimi Hendrix
con "Purple Haze". Y sólo hizo concesiones
más comerciales en temas más "gancheros"
como "Smooth", "Corazón espinado",
"Yaleo" y "Hoy es adiós", que
tuvo a Alejandro Lerner como el único invitado de
su show. l
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