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Es una lástima
que en estos tiempos no se lea La Biblia, sobre todo el Antiguo
Testamento, porque resulta entretenido y educativo. Por ejemplo,
en el libro del Génesis nos enteramos que, cuando bajaron
las aguas del conocido diluvio, Noé descendió del
Arca y "se dedicó a la labranza y plantó una
viña. Bebió del vino, se embriagó y quedó
desnudo en medio de la tienda". Luego sigue la historia completa
de la evolución del hombre.
Ahora bien, ¿en qué lugar sucedió este emblemático
y gozoso episodio? Parece que fue en el monte Ararat, o sea en
Armenia. Y es evidente que, en términos generales, este
espíritu emprendedor, tesonero y festivo, se transmitió
a las costumbres de ese pueblo, entre ellas la mesa. Los armenios
no tuvieron una vida fácil y se vieron obligados a dispersarse
por todo el mundo, pero nunca perdieron su identidad: pueden haber
nacido en el Cercano Oriente, Grecia, Hungría, Rumania,
Estados Unidos o la Argentina, pero el "ian" final de
sus nombres los distinguirá en cualquier parte, así
como la fidelidad a sus costumbres.
Su cocina recibió influencias de los distintos caminos
recorridos, y se caracteriza por ser pantagruélica y sabrosa.
Para comprobarlo tenemos varios lugares en Buenos Aires, uno de
los más emblemáticos es el restaurante "Armenia",
instalado en el primer piso de la Asociación Cultural Armenia,
centro social, deportivo y cultural de la comunidad (en su subsuelo
tiene sus bailongos la milonga "La Viruta"). En el restaurante
lo recibe una dama con "hatse iev age", el pan y la
sal, símbolos de la hospitalidad. Pasa luego a un gran
salón tamaño club ambientado con sobriedad. Y, casi
seguro, vendrán a saludarlos sus dueños Eduardo
Costanian y Pablo Kendikian, siempre dispuestos a darle toda la
información del caso, porque el menú es amplio.
Deténgase en las entradas, que siguen la tradición
oriental de las "medzé", hasta 16 platitos (aunque
el diminutivo es simbólico para el caso): hojas de parra
rellenas con arroz, mutabbel (puré de berenjenas), hummus
(puré de garbanzos), muhamara (muy buen puré de
morrones), tabbule (ensalada de trigo y vegetales), basterma (carne
curada), madzún (yogur cremoso), queso armenio, aceitunas,
falafel (bocaditos de garbanzos), berenjena frita, suyuk (tripa
rellena de carne picada), keppe crudo, yayik (muy buen yogur con
pepinos), refrescante ensalada griega y afrodisíaca ensalada
belén. No se desanime: puede reducirse a la picada de 8
o 10 platitos, en todo es abundante y compartible.
Por otra parte, las preparaciones de parrilla: shish kebab o kefte
(carne picada o en trozos), madzunov en dos alternativas, brochette
de pollo o bife de lomo, acompañadas con ensaladas varias.
Y así llegamos a la página de las 18 especialidades
armenias, de las que Costanian, el cocinero titular, le explicará
que puede comer una o varias, aunque los boreg y pashá
boreg y el michugov o el dolmá, parecen inevitables. Y
finalmente los postres, baklava, kadaif, shamalí, mnuel,
"deditos de novia" con un café armenio, del que
luego un experto podrá leerle la borra para conocer su
destino. Por si quiere otra cosa también hay platos convencionales.
Los viernes y sábados son movidos porque hay un show de
bailes típicos, en los cuales, dado su estilo grupal, es
fácil engancharse y divertise otro rato, mientras toma
una copa de anís seco con agua, muy buen bajativo. Además
dos menús "recorrida por nuestra cocina", $ 18
y $ 22, sin bebidas, y otro "Erevan", $ 35 con vino
y café. Destaco particularmente el menú de este
restaurante porque los dueños, junto con toda la colectividad
armenia, solo se sentirán contentos si usted come en serio:
personas en estado de régimen abstenerse. La cordialidad
es tan confortable que el comensal se siente enseguida como si
estuviera en su casa. l
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