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La telenovela brasileña producida por Rede Record
en 2004 y actualmente emitida por Telefe se enfrenta al
desafío del éxito pretérito. Basada
en la novela que, en 1875, escribió Bernardo Gimarães,
tuvo una primera adaptación para la pantalla chica
en 1976, con Luceila Santos en el rol protagónico.
Aquella realización, que llevaba por título
"La esclava Isaura", despertó el interés
masivo en su país y se convirtió en un producto
de exportación. Hasta la China llegó entonces
la historia de Isaura, hija del capataz de una hacienda
y una esclava, que muere poco después en el parto,
criada entre algodones por la señora de la casa,
a quien ella llama madrina. Sin embargo, en el Brasil preabolicionista
Isaura sigue siendo esclava y en sus años de juventud
aparecerá el malvado y joven patrón, Leoncio,
para recordarle que ella le pertenece. Valerosa, la chica
dará todas las batallas para defender su derecho
a enamorarse de quien quiera y a vivir como le corresponde
a un ser humano: en libertad.
Rebautizada "Isaura, la esclava", la remake cuenta
con el aporte del mismo director que la original, Herval
Rossano, quien convocó a Bianca Rinaldi para el papel
central. Ex paquita de Xuxa e integrante de la versión
brasileña de "Chiquititas", la actriz corrió
a oscurecerse el cabello, se calzó lentes de contacto
para conseguir los ojos pardos de Isaura y salió
a encarnar a la mítica heroína con real talento
actoral.
Narrada a la manera de los melodramas clásicos y
con un presupuesto de 80.000 dólares por capítulo,
la telenovela cuenta con una minuciosa reconstrucción
de época, una puesta cuidada y un elenco que está
a la altura de la propuesta. Los diálogos y la marcación
de actores se juegan, con acierto, a transitar el camino
de las telenovelas de antaño: ausencia de humor,
heroínas sin la menor mancha de mezquindad o cinismo,
villanos incapaces de un solo gesto de compasión
hacia el prójimo. Nada de lo que les sucede a los
personajes es intrascendente ni está exento de gravedad;
cada paso que dan, los coloca al borde de la tragedia.
Hay, sin embargo, un elemento que desentona con la armonía
del conjunto: el doblaje. Según cuentan quienes vieron
la telenovela original, también en ella las voces
estaban desfasadas de la imagen. La pena es que casi tres
décadas después, avance tecnológico
mediante, el problema subsista. l
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