Desde los comienzos
de "La Chimère" (1968) en donde el "Gato"
Dumas recreó los paladares locales a partir de su versión
de la "nueva cocina", la restauración argentina
"gourmet" comenzó a cambiar, ya que la revolución
iniciada por Dumas abarcó tanto la cocina como la ambientación.
Aquel restaurante demostró que el mundo gastronómico
era otro y nos sacó de un decadente modelo seudo francés.
Además, Dumas tuvo una generosa actitud docente con jóvenes
cocineros convertidos en la avanzada del futuro, influidos por
la "globalización", los viajes, y el hecho de
que la cocina se convirtiera en una actividad de atractivo nivel
social. Lo que hizo que los cocineros ingresaran al mundo mediático:
comer y beber un rito de gran importancia.
El futuro fue muy variado: crecieron y se diversificaron los
restaurantes "étnicos", las ambientaciones de
los nuevos espacios fueron, en general, más creativos.
Por otra parte, la influencia de famosos cocineros del exterior
fue mucho mayor. Luego llegó la incorporación de
modalidades que iniciaron un estilo identificado como "fusión",
promovido por un segmento social en donde la juventud tuvo gran
presencia: la cocina, los restaurantes y, en especial, el vino,
se convirtieron en un obligado y glamoroso tema de conversación.
Esta hora de cambio fue alcanzando lentamente a la cocina nacional,
tanto la porteña como la regional, incorporando productos
antes sólo conocidos en las zonas de origen. Un ejemplo
significativo es "Genuino", que comienza por traer a
Cartucho Antoraz, reconocido arquitecto de Purmamarca, -maravilloso
pueblo en la entrada de la quebrada de Humahuca-, su diseño
y un camión con materiales de la región andina para
utilizar en la reconstrucción de una casa de Palermo Viejo.
Antoraz combina con arte el uso del cardón, el adobe, pigmentos
varios, muebles realizados por artesanos del lugar con materiales
urbanos, logrando un lugar original, cálido y diferente.
Ximena Liceaga (32), cocinera y patrona, formada en el IAG,
viajera infatigable, practicó la cocina en lugares tan
distantes como Indonesia y Perú, así como con expertos
profesionales, Alain Ducasse, Charlie Trotter, Michel Bras. Liceaga
dice poéticamente: "No se trata de cocina étnica,
fusión ni telúrica, sino de cocina creativa, que
busca transportar al comensal hacia sensaciones como la alegría
y los recuerdos", para lo cual une productos de diversas
regiones del país sin que pierdan identidad y sin complicarlos
demasiado Su menú es corto: seis entradas, siete principales
y variados postres, con sugerencias diarias y menús de
mediodía ($16 a $ 25). Ejemplos: mollejas crocantes con
ensalada de papines, portobellos y tomates hidratados; camembert
grillado con morillas rellenas de cordero ahumado; ensalada de
palta entre blini de cholo y cilantro; trucha en papillote con
papines y salsa de almendras; lomo de cordero envuelto en masa
fila con batatas al curry; lomo en croûte con papas pavé
y hongos sobre coulis de tomate y reducción de vino tinto,
pappardelle con salsa di mare; y variados postres, como ganache
con chocolate belga sobre cítricos o masa de almendras
con helado de vainilla de Madagascar.
Uno de los temas recurrentes es el vocabulario de los menús
"gourmet", que desalientan al comensal y requieren explicaciones
específicas, pero no se preocupe, en este caso aclara de
qué se trata cada plato, y si duda la cocinera despejará
sus preguntas. Los sabores son netos, las combinaciones adecuadas
y el resultado satisfactorio. Suele haber platos del día
y un buen sandwich de trucha al mediodía. l
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