Año XXII
Nº 1527 del 01-04-2006
Publicación semanal de Editorial Perfil

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TRÍO. Yon, Pol y Piter hacen humor filoso y tierno a la vez.
 
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  TEATRO
  Tres chiflados musicales
  "Circu$ república", por Los Trisinger: Chiqui Reynoso, Antonio Calvar y Rody Kohanoff. Libro, música original, dirección general y puesta en escena: Los Trisinger. Auditorio Bauen, Callao 360.
 
 

* * *
Los hermanos Yon, Pol y Piter Singer nacieron en Santa Fe, en 1971, como "divertimento interno" -cuentan ellos- del Teatro de Arte de esa ciudad. En 1973 debutaron en Buenos Aires, por invitación de la legendaria productora Julieta Ballvé (aquella que, al subir al colectivo, proponía al conductor y a los pasajeros: "¡Vamos al teatro!"), con un espectáculo muy divertido, titulado "Los Trisinger, ¿los qué?", en los Teatros de San Telmo. Desde entonces y hasta 1982 nos ofrecieron a los porteños, con regularidad, diversas variaciones sobre su manera, muy personal, de crear humor musical. Durante los veinte años siguientes callaron, y volvieron, entre 2003 y 2005, con "Pelos de gallina".
Nacida en el café-concert europeo de comienzos del siglo XIX, la estructura no cambia, ni tiene por qué cambiar: tres payasos, con ropa y sombreros de antigua etiqueta, excelentes músicos, buenos cantantes, observan la realidad política, económica y social (condensada hoy, en todo el mundo, en una sola, con mayúscula: la Política), y reflexionan sobre ella, con un humor filoso y tierno a la vez. Es interesante observar cómo Los Trisinger, sin renegar de ese esquema, que podría considerarse tradicional, cada vez más han ido incursionando en una suerte de delirio surrealista (o dadaísta, si se quiere), donde la tal realidad, sin dejar de ser cotidiana, aparece grotescamente deformada, como las imágenes en las galerías de espejos de los parques de diversiones.
Motivos hay de sobra, aquí y en todas partes, para que se imponga la óptica que don Ramón del Valle-Inclán, aquel gallego genial, rotuló como "esperpento": una mirada donde el humor rechina y hasta da escalofríos, porque el fondo es de terror.
Quizá no llegan a tanto Los Trisinger, pero rozan ese borde de abismo, con mucha gracia y (ya se dijo) ternura. Como es tradicional en el género, cada uno asume un papel: Kohanoff (Yon) es el más serio, el que empuña (literalmente) la batuta, y llama al orden a los otros dos; Calvar (Pol), de prodigiosa expresividad (ni necesitaría hablar), es el que hace siempre las preguntas incómodas y procura desentrañar el sentido oculto de la insensatez; Kohanoff (Piter) es el despistado absoluto, instalado en una adolescencia eterna.
Ejecutantes impecables, Los Trisinger se arriesgan, con felicidad, a composiciones de veras originales y nada fáciles. Son algo así como los Tres Chiflados, con la ventaja de que hacen música de primera. l

   
 

Por Ernesto Schoo | Foto: Cedoc.

 

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