Año XXII
Nº 1551 del 15-09-2006
Publicación semanal de Editorial Perfil

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“Uso materiales que tienen valor en la medida en que alguien los intervenga, los modifique. Y apunto a crear atmósferas mágicas”
 
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  Celedonio Lohidoy (38)
  "Mis joyas son amuletos"
  Es arquitecto, artista plástico, decorador y diseña alhajas orgánicas y barrocas. Las lucen, entre otras, Sarah Jessica Parker y Máxima Zorreguieta.
  De las manos de este hombre largirucho, sensitivo y algo naif, surgen collares hechos en barro o con el filtro en desuso de una pileta, tocados a partir de agapantus y cristales o broches con materiales rescatados de un volquete. Arquitecto, artista plástico, decorador y diseñador de accesorios, Celedonio logra metamorfosis emparentadas con la magia.
Si bien desdeña la ropa fashion ("Estoy un paso más allá, no necesito demostrar nada"), siente debilidad por las turquesas. Porta un apellido vasco ("Lohidoy es de Biarritz, al sur de Francia") y su raro método de trabajo le permite mantener conversaciones en paralelo con seis personas ("Soy súper metódico y riguroso en el caos").
Noticias: Sos la versión criolla de Philippe Stark, que puede hacer desde un hotel a una jarra o un caramelo.
Celedonio Lohidoy: Qué loco, ¿no? Soy arquitecto, y por qué ornamentar sólo la casa y no a quien la habita. Reconozco que soy prescindible, no soy un médico. Entonces, me dedico a hacer cosas que embellezcan la vida. La belleza es muy poderosa para el alma. En una piedrita del collar de tu abuela tenés algo con su espíritu; si estás triste la acariciás y ella te acompaña. Las mujeres están muy sobrexigidas y estos talismanes las protejen. No pasan de moda ni son carteras de 4 mil dólares, un lujo efímero y vano.
Noticias: ¿Cuáles son tus talismanes cuando te sentís desvalido?
Lohidoy: Colecciono relojes y, si tengo ganas o algún temor, abro el cajón y miro: ésto me va a ayudar. Son piedras, recogidas de un río o de la calle, no pasa por el valor sino por el poder que tienen sobre uno.
Le hubiera gustado vivir en aquellos años ’20 con gángsters y edificios art-decó ("Esos pelos engominados, los sombreritos, los zapatos bicolores, ese look muy estudiado y rígido me encanta. Al mismo tiempo, soy muy orgánico"), adora los grafittis y la sugestión de Venecia. Pero elige Buenos Aires ("Una ciudad que me respeta, me siento contenido y relajado. En otras me parece que me pierdo algo y estoy siempre en movimiento").
Noticias: ¿Ejercés como arquitecto?
Lohidoy: Lo hice un montón de años en el estudio Melhen Bazán. Me gusta reciclar casas, rescatar personas, regenerar: descubrir la chispa de vida que les queda y que aflore como una llama. Siempre hay algo bueno. Mi analista dice que soy demasiado optimista, tal vez influya mi infancia en el campo, con valores simples, donde el dar y el recibir son incondicionales. Mi mamá, muy atípica, crió 5 hijos en un ambiente de ayuda al prójimo: la mucama, el jardinero, eran tuberculosos o los veías muy flaquitos. Comíamos todos en la misma mesa. Teníamos una hectárea de jardín y ella no quería poner cerco, un concepto muy raro.
A los 15 años se mudó de Tapalqué a Buenos Aires y no lo pasó bien. Circuló por una agencia de viajes, otra de publicidad y fue modelo. Es un sobreviviente, dice, y quiere rescatar a otros seres a los que les cuesta sobrevivir. "Me gusta trabajar con personas con discapacidades, problemas psicológicos o adicciones. Siento su energía y qué les pasa." Apasionado por el verde y el mundo vegetal, en una colección homenajeó a la naturaleza ("Mi casa es verde, en tonos cálidos y apagados. Tengo un cuadro negro y unos bichos, bien dramático y escorpiano. Soy minimalista y diseño lugares para el caos: así está acotado y no me invade").
Sus creaciones, con materiales impensables, atraen a mujeres con personalidad. "No hay un glamour universal, hay personas glamorosas en su estilo, aunque no coincidan con el mío. Se necesita tener predisposición y mente abierta". En su atelier de la Promenade Alvear enhebra piedras semipreciosas, nácar y cristales y las mecha con plumas, trapitos, mariposas doradas a la hoja, un bicho disecado o una flor seca. "Uso cualquier cosa que me haga sentir", define.
   
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