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Se dice que, ante fuertes vientos de cambio, hay dos actitudes:
meterse en un refugio o aprovechar la ocasión para
vender molinos. Rolando Hanglin optó por lo segundo
y, de entrada, pone lo más deseable de sí
mismo en su nueva casa. Lo que mejor hacía en Continental
lo hace ahora en la 10. Pero si antes peleaba por el tercer
puesto, ahora, por potencia de emisión y en una radio
técnicamente perfecta, se corta solo en el primer
lugar. Hanglin escucha sabiamente, saca de cada entrevistado
algo distinto, narra de manera excelente lo cotidiano, inventa
secciones, estrena nuevos personajes ("Los pensamientos
del viejo Ayawaska") y sigue oscilando entre el hippie
viejo y el fauno juguetón a la hora de la siesta.
Jimena Monteverde ("Arte culinario y mucho más")
lleva, efectivamente, "de la mortadela al caviar"
y, sobre todo, compone un personaje atractivo. También
sabe acompañar Ariel Donatucci (con buena información
deportiva), mientras que Luis Pedro Toni se limita al espectáculo,
con más información que reflexión.
Pero hay categorías que no se pueden dejar pasar
y existe una, la estructuralista, que surge inconscientemente:
los "lugares vacantes" que la Psicología
llama "fenómeno de la silla vacía".
Porque los que no están, aquellos que quedaron en
Continental, empiezan a brillar por su ausencia. Algunos
eran irremplazables: Mario Mactas por "El gato y el
zorro" o Florencia Ibáñez por su actuación
teatral. Este es un programa nuevo, sí, claro, pero
es imposible abstraerse de lo anterior y no comparar. Faltan
algunos personajes ("Cabroni el andropáusico",
"Pepa la pendevieja") y no hay todavía
una opinión filosa como la de Cecilia Absatz. La
anterior productora, María González Bergez,
difícilmente hubiera puesto una nota excelente (el
científico Matías Saldarriaga) a tres minutos
del informativo, sabiendo que eso no iba a permitir desarrollar
la nota. Como en el título de una vieja película,
la estrella mejorará el rabo, o sea su estela, la
luz de quienes viajan con él. Y a poco de ajustar
algunos detalles alcanzará su mejor órbita.
Para Aristóteles sólo existían cuatro
cambios: de esencia, de calidad, de cantidad y de lugar.
Hanglin, por suerte para el oyente, sólo está
cambiando de lugar físico. l
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