El Museo Evita pertenece
al Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Eva
Perón, presidido ad-honorem por Cristina Álvarez
Rodríguez, la sobrina nieta de Evita, cuya colección
le pertenece. Fundado hace cuatro años, reúne una
importante cantidad de materiales, retratos, documentos, vestidos
y objetos que contribuyen al conocimiento, tanto de la personalidad
como de la obra realizada por Evita. Organizado con buen criterio,
destaca en especial los principales elementos de su personalidad,
su contribución al feminismo, su acción social y
política, en un tono historicista objetivo. Instalado en
una imponente casona de principios del siglo XX, originaria propiedad
de la familia Carabassa, diseñada en un estilo españolesco
que reinaba en la época (Museo Fernández Blanco,
casa de Enrique Larreta), bien conservada y con un marco de árboles
y plantas que la realzan, cuenta con un gran patio recostado sobre
el lado derecho del terreno.
Hace algunos meses nació allí un restaurante, al
estilo de los grandes museos del mundo, con un salón cómodo,
ambientado con gran barra y sobriedad, ubicado en la planta baja
del edificio, utilizando además todo el gran patio mencionado,
con buenas sombrillas para el sol y una despejada visión
del cielo nocturno. Dotar de restaurante al Museo fue idea de
Claudia Aboaf (46), exitosa astróloga que pasó a
la gastronomía con "Spirit" y de Daniel Cid (54),
destacado perfumista que se inició también en "Spirit"
y hoy en "Nemo", ambos buenos gourmets y conocedores
de la materia. Cuentan, asimismo, con la colaboración del
chef Mauro Massimimo (27), formado en el IAG y fogueado en "Syrah",
y de Fabiana Argüello (33) como jefa de salón.
El menú es amplio y representativo de una cocina clásica,
con predominio de las fórmulas italianas aunque no faltan
platos criollos ni de tradición francesa o española.
Se destacan los pescados (buen mero grillado con lima y jengibre
y lasaña de vegetales, besugo a la plancha con papas al
romero) y la amplia lista de pastas (fettuccine alla Caprese,
agnolotti de atún y berenjenas, sorrentinos de gruyère
y parmesano). Entradas como ensaladas, huevos revueltos con salmón
marinado, vegetales al horno con queso brie, rabas a la plancha
a la provenzal; otros principales, además de los señalados:
ñoquis a la boloñesa, pastel de papas, buen risotto
giallo con ossobuco, lomo al cabernet sauvignon con puré
de batatas y compota de cebollas, ojo de bife grillado con puré
rústico y espinacas de prosciutto, y postres desde los
tradicionales flan y panqueques hasta un innovador queso mantecoso
con espuma de batata o buena mousse de capuchino helado.
La cocina trabaja con una matriz tradicional, sumando buenas ideas
tanto en la preparación de los platos como en sus presentaciones.
Ofrece también un menú del día con varias
opciones. La carta de vinos está armada en forma tal que
todos los cepajes y tipos de vinos queden convenientemente representados.
El servicio, que camina mucho, visto el tamaño del patio,
mantiene el ritmo y la cortesía. El resto de los museos
porteños y nacionales podrían tomar el ejemplo y
montar restaurantes similares, para solaz y beneficio de los visitantes.
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