Año XXII
Nº 1568 del 12-01-2007
Publicación semanal de Editorial Perfil

Ampliar Foto
Impecable. Pinti, una vez más, muestra todo su talento sobre el escenario.
 
HOME
CINE
MUSICA
RADIO
RESTAURANTE
TEATRO
TELEVISIÓN
VIDEO / DVD
EDICIONES ANTERIORES
 
CARAS
CLARO
FORTUNA
HOMBRE
JOKER-CRUCIGRAMA
LOOK
LUZ
MIA
NEO
NOTICIAS
PARABRISAS
SEMANA
SEMANARIO
SUPERCAMPO
WEEKEND
 
  TEATRO
  Por muchos cuerpos
  "Pingo Argentino", de y con Enrique Pinti, y otros. Escenografía: Oria Puppo. Vestuario: Renata Schussheim. Coreografía y dirección general: Ricky Pashkus. En el Maipo, viernes y domingos a las 21, sábados a las 21 y 23.
 
 

* * * *
Inteligencia, agudo ingenio, vasta cultura, formidable histrionismo. Estas virtudes, más una irresistible simpatía, han convertido a Enrique Pinti en un referente imprescindible, político y social, a la par que artístico. Es el heredero de una tradición milenaria, la de los cómicos que les cantan las cuarenta a los poderosos de este mundo, a la vez que revelan, implacables, las flaquezas de las comunidades que se dejan manosear por los primeros. Todo eso, al amparo del humor, el arma más temida por tiranos y censores.
La historia del género es probable que se remonte al tiempo de las cavernas. Atraviesa las farsas griegas y romanas, hace reír y consuela a multitudes en las plazas medievales, se exalta con virulencia en las máscaras de la Comedia del Arte y culmina en el café-concert parisienne de 1900, con el mordaz Aristide Bruant en su Cabaret du Chat Noir. Entre nosotros, el género exhibe una prosapia ilustre, desde el inmortal Pepino el 88 (José Podestá), pasando por Pepe Arias, hasta Tato Bores, Gasalla y Pinti, cuyas siete temporadas consecutivas (1985-92) con "Salsa criolla", en el Liceo, figuran ya en la historia.
El formato de "Pingo argentino" -el propio Pinti lo reconoce- es el mismo de sus últimas contribuciones al género: "Pericón.com.ar" (2000-1) y "Candombe nacional" (2002-3), siempre en el Maipo. Una revista, conducida por el capocómico, cuyos cuadros alternan la revisión del pasado con el análisis de la actualidad local, intercalando números de canto y baile. Se nota la mano de Ricky Pashkus en la dinámica sucesión de las escenas, la imaginativa resolución de muchas de ellas y la muy hermosa coreografía, impecablemente ejecutada por el entusiasta cuerpo de baile. Si algo distingue al espectáculo de sus antecesores, es una sobriedad que redunda en elegancia, tanto en la escenografía de Puppo -práctica y austera, bien servida por las luces- como en el bellísimo vestuario de Schussheim, con un detalle sutil: en el último cuadro, mujeres y varones lucen la misma (mínima) ropa.
En el teatro argentino, Pinti es un fenómeno aparte. Ha logrado algo que pocos (aún con talento) alcanzan: un estilo propio, inconfundible e inimitable. La gesticulación expresiva (una mirada, un guiño), el dominio vocal, la agilidad con que maneja su corpachón (del que sabe burlarse donosamente), la increíble velocidad de la alocución, configuran un instrumento de precisión al servicio de la inteligencia. Y está muy lejos, por suerte, de la comicidad previsible en que incurren algunos de sus colegas, arrastrados por la demagogia a anquilosarse en un molde reiterado, del que no pueden -o no quieren- escapar. Pinti, al contrario, sabe jugar con las contradicciones de la realidad como el malabarista con las clavas, o los platos. El equilibrio siempre parece a punto de romperse y él, con increíble destreza, lo mantiene en tensión. Y siempre, también, por alguna arista inesperada, sorprende y modifica la óptica del espectador. Esta carrera la gana, más que por muchas cabezas, por muchos cuerpos. l

   
 

Por Ernesto Schoo

 

EDICIONES ANTERIORES | CorreoNoticias

Copyright 2003 Editorial Perfil S.A. all rights reserved