| Van sólo tres
minutos de entrevista. Ariel Garbarz se detiene en mitad de una
frase, hace un silencio misterioso y pregunta: "¿Vos
apagaste tu celular? El mío está protegido, pero
el tuyo, no sé...". El periodista obedece. Y él
explica en voz baja: "Si está prendido, lo pueden
transformar en micrófono y escuchar todo lo que estamos
hablando. Ésa es la última moda, ya le pasó
a varios funcionarios".
Garbarz no es paranoico, sino ingeniero eléctrico, director
del Proyecto Nacional de Teleinformática de la Universidad
de Buenos Aires (UBA) y viejo conocido de los espías de
la SIDE, a los que asesoró en tiempos de Fernando De la
Rúa y ahora volvió a frecuentar desde que Néstor
Kirchner ocupa el poder. Trabaja con ellos y sabe de lo que son
capaces. Y por primera vez está dispuesto a contarlo a
lo largo de tres horas de reportaje. Dirá que hay 48.000
líneas pinchadas de manera ilegal y que la Secretaría
de Inteligencia intervino los teléfonos de la Cámara
de Diputados y la Legislatura porteña. Mostrará
los peritajes técnicos que lo demuestran. Detallará
los casos de espionaje contra Mauricio Macri, Elisa Carrió
y Roberto Lavagna en sus épocas de ministro de Economía.
Explicará que José Francisco Larcher, apodado "Paco",
es el verdadero jefe de los agentes K pese a figurar como segundo
en los papeles. Y por último, jurará que el ministro
de Planificación, Julio De Vido, propuso pagarle por su
trabajo en forma irregular, mediante el nombramiento de empleados
"ñoquis", y que tras su negativa fue amenazado
de muerte.
¿Por qué decidió contar los secretos de un
gobierno para el que todavía trabaja? El arrepentido del
espionaje K asegura no temerles a las represalias que pueda ocasionarle
esta entrevista. "La indignación me llevó a
un punto donde eso ya no importa", dice.
La SIDE por dentro. Algunas semanas antes de que Kirchner llegara
a la Casa Rosada, el periodista y ahora diputado Miguel Bonasso
llamó a Garbarz. "Néstor quiere que le protejas
los teléfonos del Gabinete", le avisó. El ingeniero
gozaba de prestigio desde que su empresa Protección Digital
había desarrollado un software informático que detecta
y bloquea las intervenciones de teléfonos y correos electrónicos,
y se había convertido en la primera firma argentina en
obtener una licencia para operar en los Estados Unidos allá
por el 2002. La tecnología de punta que ofrecía
Garbarz interesó a los patagónicos –como años
antes a De la Rúa– y la primera reunión fue
en la Casa de la Provincia de Santa Cruz, sobre la calle 25 de
Mayo, en el microcentro porteño. Era el 5 de mayo del 2003.
Cuenta Garbarz: "Ahí estaban Bonasso, al que yo conocía
por su trabajo en Página/12, y ‘Paco’ Larcher,
un hombre de confianza de Kirchner. Larcher me confirmó
que querían que yo les protegiera los teléfonos
al Presidente. Y después me preguntó por Jaime Stiusso,
el famoso agente de la SIDE al que después Gustavo Beliz
denunció en público por espiar al Gabinete".
<< Leer la nota completa en la edición impresa
>>
Franco Lindner
flindner@perfil.com.ar
|