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Mientras en Europa la Segunda Guerra entraba en sus instancias decisivas, en el Pacífico se desataba otro infierno. La batalla de Iwo Jima duró semanas, pero apenas iniciadas las hostilidades, cinco marines plantaron la bandera americana en el Monte Suribachi. El gesto fue captado por el fotógrafo de una agencia internacional y recorrió el mundo. Los responsables -cuatro soldados y un oficial-, serán repatriados como héroes nacionales y utilizados por el gobierno de Harry Truman, para vender bonos de guerra en todo el país. Esta es la historia de un grupo que apenas estuvo en combate y fue obligado a convertirse en paladín de un conflicto que nunca llegó a entender. Pasados los 70, Clint Eastwood, liberal con ideas conservadoras, lleva a cabo una empresa que no hubiera hecho la felicidad de John Wayne: mostrar la otra cara del sueño americano en tiempos de guerra. El film habla de hipocresía y manipulaciones en esferas del poder. Se completa con "Cartas de Iwo Jima", el mismo tema con óptica japonesa. |