★★★★ La Compañía de Julio Bocca inició actuaciones en marzo en el Centro Cultural Borges con un programa de obras contemporáneas. El fogueo que les dio la gira de verano mantiene al elenco muy afiatado, aun para exigencias mayores. Ante la lesión de Lucas Oliva, la dirección recurrió a Hernán Piquín, que cumplió extremando su vis dramática, exigencia ineludible de la notable obra de Araiz.
El espectáculo comenzó con “Mambo Suite”, consecuencia de la buscada fusión de estilos y técnicas que desarrolla Stekelman, remontada en la ocasión –se nos ocurre– como muestra de cierto poderío técnico –sobre todo, clásico y neoclásico– incitado a la acción por el ritmo y la sensualidad del mambo, cuya música de Pérez Prado es sólo eso. No es esta más que una obra menor de la coreógrafa, que logró tiempo atrás un total éxito con los tangos y el adagio acrobático, y la refinada seducción del bolero. El elenco se lució en saltos, jetés y el movimiento incesante de la ondulación tropical requerido por Stekelman, con un vestuario adecuado de Jorge Ferrari y el destaque especial de Lucas Segovia, Victoria Balanza, Benjamín Parada, Eva Prediger y Marisol Alonso.
Siguió “Repercusiones”, de la misma coreógrafa, que bucea con la ayuda de la música folclórica arreglada a la manera controversial de Waldo de los Ríos, y otra percusiva de Domingo Cura. El resultado origina hasta el tradicional zapateo de dos de los bailarines y la exhibición de pasos clásicos engarzados en la música. El final fue para “Tangos”, de Araiz-Stampone, dramática y sucinta evocación de momentos de la historia del tango, comenzado con el teatral e impactante “Responso” de Aníbal Troilo. Y continuando con el canevas, perfectamente bailado e interpretado por Cecilia Figaredo, Hernán Piquín y el elenco, falto de espíritu tanguero en los más jóvenes. Excelente en su reciedumbre Ariel Caramés y el elenco femenino en esta fundamental obra de Oscar Araiz.l
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