Año XXII
Nº 1629 del 15-03-2008
Publicación semanal de Editorial Perfil

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Cambios. Ernesto Tenenbaum conduce la mañana de Mitre en medio de una tormenta.
 
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  “La mañana de Mitre”. Conducción: Ernesto Tenenbaum. Con Marcelo Zlotogwiazda, Raúl Kollman, Marcela Giorgi y equipo. AM 790, Radio Mitre, de lunes a viernes de 6 a 9.
   
 

★★★ Ernesto Tenenbaum es criterioso, sabe buscar las claves y siempre da la impresión de que tiene “el mapa del tesoro”. Marcelo Zlotogwiazda explica el país e interpreta el cuadro mundial –China como futuro comercial argentino–. Raúl Kollman maneja contactos e informa antes que los demás. Pero ninguno de los tres es, todavía, un verdadero conductor. La busqueda de Mitre es, entonces, difícil: debe reforzar al periodista que lleva la batuta de la primera mañana (de 6 a 9) hasta convertirlo en el conductor que necesita.
El programa además, tiene otros méritos: Mariel Di Lenarda y su trabajo en Centroamérica, el humor de Juan Carlos Mesa –pierde al no estar en vivo–, la producción –que trajo al piso a Roberto Porreti–, la locución de Marcela Giorgi –desopilante como Cristina Kirchner– y su sinergia con Ariel Tarico; y es encomiable, también, la eficacia de los móviles.
Pero las fallas del programa no pueden entenderse sin trazar un mapa de lo que sucedió en Mitre desde el 2007 bajo la égida de los recientemente renunciados gerentes Nicolás Yocca y Sergio Piasek (reemplazados por Rubén Corda y Jorge Porta, que a su cargo de gerente de Noticias agregará el de Contenidos).
Si antes el propósito era el de informar, con Yocca y Piasek se sancionó la idea de cambiar el periodismo por la animación y el entretenimiento. Y así se impuso una pauta en la que primó, sobre lo informativo, una barbarie suave al servicio –fracasado– del factor rating.
En la sangría, se perdió a Magdalena Ruiz Guiñazú –emblema periodístico de Mitre, ahora asentada en Continental– y fue separada Lorena Maciel –genuina conductora de la emisora–. Se alejaron Alejandra Medina (productora insignia) y Mercedes Ninci (móvil). Además, fue levantado el programa de Jorge Halperín. En cuanto a Santo Biasatti, a quien no supieron cuidar, sólo duró una temporada.
Pero el caso es que, luego de Yocca y Piasek, “La mañana de Mitre” –bajo el impulso de la inercia– siguió con idéntico estilo: Tenenbaum insistió en decir al aire que el suyo era “un programa en formación” (nunca antes Mitre había sacado un ciclo al aire sin hacer pilotos). Y dijo, también: “Por suerte, tenemos música para las noticias con mala onda” (la radio siempre había afirmado: “Las noticias son noticias, no son buenas ni malas”).
No era del estilo de Mitre cruzar al aire personas –Y menos, sin avisarles– como sucedió en el caso de Nora Ginzburg –al final, la diputada cortó y su antagonista ni siquiera estuvo en línea–. Tampoco caracterizaba a la 790 la explotación entusiasta del “condicional contrafáctico” –algo que, para ser real, primero debe suceder–: “Hinchas de Estudiantes de La Plata dicen que van a tomar el puente Gualeguaychú-Fray Bentos”, se repitió. Y fue inocente, en medio de la lluvia y de la inundación, creer que eso podía sobrellevarse mejor cantando toda la mañana: “Hoy en mi ventana brilla el sol”.
Otros dos ejemplos, entre los muchos que podrían darse, señalan los cambios de Mitre: 1º) Hay un contacto internacional con Mariel Di Lenarda, luego de una crisis, y se le dice: “Antes que hablés de Venezuela... ¿vos creés en los brujos?”. 2º) A las pocas horas del crimen de Diego Migueles en Santos Lugares, y después de una confesión sin valor judicial, pues no se había procedido a la indagatoria, se dieron los apellidos de dos presuntos homicidas detenidos.
Ernesto Tenenbaum y sus compañeros tienen valores para revertir una situación de la que son más víctimas que responsables. Pero no depende de ellos. No sería extraño, entonces, que la emisora tratase de recuperar algunos de los profesionales que perdió. Con los que le quedaron, y luego de los sofocones vividos por los que sobrevivieron, tal vez no alcance para crear una nueva Mitre ni tampoco para recuperar la histórica.l

   
  Por: Luis Frontera

 

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