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| Sabores nuevos. En un ambiente informal y colorido, una buena muestra de la culinaria colombiana. |
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RESTAURANTES |
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Sopa, seco y cumbia |
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"Antojito Colombiano". Córdoba 3883. 4867-6312. Reservas. Principales tarjetas. De martes a viernes de 10 a 16 y de 20 a 0 hora, sábados de 10 a 14 y domingos de 10 a 18. $ 20 a $ 40 por persona. |
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★★★ Hasta mediados de los ‘ 90, la cocina latinoamericana tenía escasa presencia en Buenos Aires, y aun así, bastante distorsionada. Y, de pronto, en los últimos cinco o seis años surgieron muchos lugares en donde enterarse, con variada suerte, de qué se trata el asunto. Tenemos, pues, una considerable muestra de diversas culinarias, en especial la peruana, y diría que, aunque haya que investigar, hay ejemplos de casi todas ellas. El entusiasmo porteño por comer y beber aceptó la alternativa con interés, aunque es una realidad que la base de su público radica en la cada vez mayor presencia de ciudadanos de América Latina entre nosotros.
El caso colombiano es interesante: durante años, la cumbia, el café y García Márquez era las imágenes más claras que teníamos de Colombia. Ahora sabemos que también existen las arepas, el ajiaco, la bandeja paisa, el agua panela y muchas cosas más, y que se pueden encontrar cocinas regionales y productos que no tenemos aquí, como guanábana, urúa, lulo, tomate de árbol, etcétera.
Todo me lo explicó el diligente bogotano Alfredo Riasco en una mesita de su amable casa, entre música de su tierra y un partido de fútbol televisado con la participación de Colombia –coreada por entusiastas estudiantes residentes–, y mientras probábamos sus sugerencias. El lugar es simpático, informal, colorido, sin lujos, bien atendido por Jazmín y Patricia, dos jóvenes colombianas, y con una buena cocina a cargo de Sonia García, esposa de don Alfredo.
Uno de los problemas para lograr la autenticidad de los platos reside en la importancia de contar con productos colombianos, como los ya mencionados, o frijoles, guasca (hierba esencial para el ajiaco), aguardiente de caña, pulpa de frutas para los postres y jugos, bloques de caña de azúcar y un verdadero universo de detalles que, en definitiva, tiene toda culinaria. El comensal puede ir armando su menú a pasos (arepas, buñuelos, muy buenas empanadas de masa de maíz rellenas con carne y papas, carimañolas, etcétera) o decidirse por platos tan completos como la bandeja paisa (frijoles, carne molida, arroz, patacón [plátano aplastado y frito], huevo frito, chicharrón, chorizo, aguacate [una versión macro de la palta] y un par de salsitas, una de ellas picante) o el ajiaco santafereño (es decir, bogotano), una sopa tipo crema, de papas, pollo desmenuzado, crema de leche, mazorca de maíz, aguacate, arroz, alcaparras. Nos dice don Alfredo que la comida cotidiana consta de sopa y "seco", es decir, arroz, carne y maíz, pero lo que deslumbró fue un muy buen tamal envuelto en hoja de plátano, una masa rellena de arroz, arvejas, carne, pollo, cuerito de cerdo, etcétera; también con su salsita picante. No llegué al postre y quedó para otro día el maracuyá, la mousse de mango y el dulce de café.
La cocina colombiana es una recomendable experiencia, la inmersión en un mundo diferente, una combinación de sabores y texturas nuevas aptas para acompañarlas con cerveza y una copita de aguardiente al cierre. El ambiente de la casa motiva, además, a pasar un rato agradable y alegre.l
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Por Fernando Vidal Buzzi
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