| |
Hasta no hace mucho, hacer ciencia podía llevar toda una vida. Es decir, resolver un solo tema de ciencia, además de convertirse en una obsesión, podía tomar años, y también décadas. O más todavía, como en el caso del astrónomo danés Ticho Brahe, que literalmente ocupó todas sus edades en tomar nota de las posiciones planetarias, las mismas que luego le permitieron a Johannes Kepler formular las leyes del movimiento de esos cuerpos celestes.
Las computadoras, que están en todos lados, no podían dejar de cambiar también eso. Hasta el punto de que actualmente hay sistemas que se proponen (o mejor dicho investigadores que los diseñan) hacer ciencia, de principio a final, sin científicos humanos. Crear robots que puedan desde tomar un problema hasta formular hipótesis para resolverlo, tener los datos, procesarlos, analizarlos, y finalmente decidir qué hacer con todo eso.
En la última edición de la revista “Science”, dos equipos de investigadores publican sus resultados en ese sentido. Uno, desde Cambridge, construyó un robot que hace todo solo y que es capaz de dar con la secuencia genética de un hongo, algo que no se había podido hacer hasta ahora. Otro grupo, desde la universidad de Cornell (Estados Unidos), formuló una serie de ecuaciones de descubrimiento para que un equipo, sin ayuda humana, pueda analizar información “proveniente de la observación visual”.
Precursor. Nada tiene que ver con los robots de uso doméstico que vienen inventando los japoneses en los últimos años. De hecho, no tiene forma humana, y no solamente no precisa tener un cuerpo, sino que tampoco parece precisar estar acompañado por uno. A ADAM lo idolatran por ser el primer sistema informático que logra descubrir nuevo conocimiento científico de modo independiente; es decir, sin depender de personas. “Un robot científico automáticamente origina hipótesis para explicar observaciones, dispositivos de experimentación para someter a prueba esas hipótesis, lleva adelante los experimentos usando robótica de laboratorio, interpreta los resultados y después repite el ciclo”, explica Ross King, desde la Universidad de Aberystwyth, acompañado por biólogos y bioquímicos de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido.
Lo único que ADAM precisa, aseguran sus creadores, es un técnico que le agregue los insumos de laboratorio que se consumen, y que recoja la basura. Fue diseñado para automatizar el trabajo relacionado con experimentos de biología básicos, los que se hacen en cultivos y en pipetas.
A ADAM lo pusieron a hacer algo relativamente simple: identificar los genes que codifican enzimas huérfanas en la Saccharomyces cerevisiae, una levadura que los científicos suelen usar para sus estudios, como modelo para comparar luego con organismos vivos más complejos. El primer científico robotizado (a juzgar por su sugestivo nombre y por el hecho de que ahora los mismos expertos están dedicados a fabricar a Eva, la sucesora) hipotetizó que ciertos genes en la levadura codifican determinadas enzimas que, a su vez, catalizan reacciones.
El robot cumplió con su cometido gracias a sendos softwares que le permitieron manejar bancos de datos sobre genes y proteínas, saber cómo manejarse para desarrollar hipótesis, cómo diseñar experimentos y llevarlos a cabo en el mundo físico, analizar los datos y relacionarlos con las hipótesis. “Una vez que esta infraestructura está instalada, no hace falta tener ninguna intervención humana para ejecutar los ciclos de formular hipótesis y ponerlas a prueba”, advierte su padre, Ross King.
ADAM formuló y probó 20 hipótesis relativas a los genes que codifican 13 enzimas huérfanas, y sus creadores aseguran que 12 de esas hipótesis fueron confirmadas a nivel informático. Los científicos, después, se pusieron a comprobar los resultados de ADAM con literatura que hablara de evidencias empíricas, y se chocaron con que seis de las hipótesis son correctas. ¿Qué pasó con las otras seis? Pues los experimentadores hacen una especie de mea culpa, y dicen que el error del robot no se debe a una falla propia, sino a que estaba alimentado con una base de datos incompleta.
Desde Gran Bretaña, King es sumamente optimista: “Si la ciencia fuera más eficiente estaría en mejores condiciones para ayudar a resolver los problemas de la sociedad. Y una manera de hacer que la ciencia sea más eficiente es a través de la automatización. Ella fue la fuerza que empujó mucho del progreso de los siglos XIX y XX.”
Pero no responde a algunas cuestiones básicas, como por ejemplo: por qué se le presta atención a un dato en particular por sobre otros, qué variables deben ser medidas, y qué instrumentos tendrían que medirlas. O qué respuestas pueden abrirse a partir de hipótesis supuestamente fallidas. No es raro que en ciencia un descubrimiento que nunca fue abra las puertas a otros que no se esperaban, y si no que lo cuente la penicilina, que según Alexander Fleming, su descubridor, nació a la luz por puro azar, gracias a cultivos bacterianos un mes olvidados en nombre de las vacaciones. ¿Qué hubiera hecho ADAM? A menos que esté programado para considerar lo imprevisto, no mucho más que tirar todo a la basura.l
|