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Año XXII
Nº 1708 del 19-09-09
Publicación semanal de Editorial Perfil

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  El hielo y el calor
  “La reina de las nieves” de Hans Christian Andersen. Pictus, 72 págs. $ 20.
   
 

★★★★★
El género “literatura para niños” es muy difícil. Convertido en un sector rendidor del mercado, sus numerosos aspectos suelen ser aplanados en un formato fijo, rígido. Hay exceso de etiquetas, de reglas, de opiniones políticamente correctas, de control, para llegar a un producto final a menudo fofo. El resultado suele ser rechazado por los propios niños a los que se dice destinado. De inmediato, padres y maestros les explican por qué igual “debe” gustarles, por ecológico, por ñoño, por confundir la verdadera aventura con un juego digital.
El mejor antídoto para no terminar rechazando como la peste la literatura infantil (que no tiene, por ejemplo, un lugar de consideración crítica serio), es leer o releer a cualquiera de los grandes autores. Tal vez los dos mayores sean Hans Christian Andersen y Lewis Carroll. En cualquiera de sus grandes textos, la amplitud temática y lingüística, el humor y la ética profunda, real, desencadenan en vez de poner límites a la libertad, la imaginación y el desarrollo progresivo de una personalidad.
En el caso de Andersen, dos de sus relatos –“La sirenita” y “La reina de las nieves”– son equiparables, por su riqueza, potencia expresiva y complejidad, a Kafka, a Poe, a cualquier gran escritor. Contado a otro, en segunda instancia, el desarrollo parece la ilustración de una idea, incluso de una idea psicoanalítica: el hielo de la frialdad femenina, incluso materna (la reina de las nieves del título) es derretido finalmente por el llanto, la emoción de un amor tenaz.
Leído en una buena versión, que no lo reduzca (mala costumbre frecuente) es en cambio un relato de prodigiosa complejidad, plagado de personajes secundarios inolvidables, y de ideas certeras, filosas sobre la moral, la sociedad y, en otro plano, el amor y el paso del tiempo. Cuando el relato llega a sus últimas páginas, no sólo la pareja de amigos (niña y niño) han crecido, sino también el lector, del modo misterioso, nada programático, en que hace crecer la mejor literatura.
La versión de Christian Kupchik está realizada a partir del danés original: el sabor es otro que en las versiones hechas a partir del inglés o el francés. La trama se ramifica tal como Andersen la escribió, mezclando sus ideas cristianas con una intuición impecable para abrir con sabores mezclados el apetito del niño o el adulto.
Además de personajes como “la pequeña bandida” o “la bandolerita”, hay detalles dignos del posterior Stevenson: la Reina aún no ha aparecido para llevarse al niño, por ejemplo, y los dos niños se miran de una casa a otra por el agujero que abren con una moneda calentada, sobre el vidrio empañado por el frío. Los dibujos de Juan Pablo Carey acompañan con sobriedad y eficacia.l

   
  Por: Elvio E. Gandolfo

 

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